TV: Crítica de “Trapped”

Trapped / Ófærð (Islandia – 2015/Actualidad)

Creador: Baltasar Kormákur / Producción: Magnús Viðar Sigurðsson / Intérpretes: Ólafur Darri Ólafsson, Ilmur Kristjánsdóttir, Ingvar Eggert Sigurðsson, Nína Dögg Filippusdóttir, Baltasar Breki Samper, Hanna María Karlsdóttir, Þorsteinn Bachmann, Steinunn Ólína Þorsteinsdóttir, Pálmi Gestsson, Lilja Nótt Þórarinsdóttir, Jasmín Dúfa Pitt, Grace Achieng / Compañías productoras: RVK Studios / Episodios: 10 (primer temporada, la segunda está en producción) / Cadena original: RÚV (Ríkisútvarpið-Sjónvarp)

LA CÁRCEL INVISIBLE

Un pueblo impronunciable de la costa islandesa (Seyðisfjörður), una tormenta de nieve, un crucero multitudinario, un comisario viviendo de prestado en lo de sus ex suegros y un asesinato. Esa podría ser una correcta y breve sinopsis de “Trapped”, pero no alcanzaría para entender de qué trata en verdad. Todos los personajes en esta serie están atrapados de una o múltiples maneras. Algunos comparten el tipo de encierro con sus iguales y otros lo soportan con el estoicismo que sólo puede forjarse en la soledad.

Trapped” comienza mostrando los modos de encierro más evidentes y materiales. Se encuentra un cuerpo mutilado cerca de la costa cuando acaba de anclar un crucero repleto de turistas. El comisario cree que el asesinato ocurrió hace pocas horas sobre ese crucero, por lo que retiene a todos sus pasajeros sobre él hasta poder resolver el caso. Ellos son los primeros atrapados (luego pasarán del barco a un gimnasio símil campo de refugiados). Al evidenciarse que el caso excede las posibilidades técnicas de una comisaría de pueblo, éste pasa a quedar bajo la órbita de la policía de la capital. Pero ellos no podrán llegar pues se desata una feroz tormenta de nieve. Los habitantes del pueblo quedan aislados (encerrados) y los de la capital también, al no poder entrar en el pueblo. Pasando la imagen de positivo a negativo, no poder salir y no poder entrar son dos formas de entender el encierro, que implicaría básicamente no poder trasladarse con libertad.

Luego vendrán otras formas más sutiles y metafóricas de reclusión a medida que avance la trama y lo más importante sea ya no el caso sino la vida de esa gente en ese pueblo y las relaciones que han tejido a lo largo de los años. Sabemos que Andri, el comisario, es “exiliado” allí por un caso mal resuelto en la capital, pero su peor encierro no será aquel. Separado hace años, con su mujer a punto de volver para llevarse a sus hijas, duerme en el living de la casa de sus ya ex suegros. No sabemos si esa situación se debe a falta de fondos para costearse una vivienda propia, a la comodidad de tener quien cuide de sus hijas o a la imposibilidad de superar la separación. De hecho, aún porta la alianza que torna en alegoría del pasado que se resiste a desaparecer.

También está el suegro de Andri, quien aún no puede librarse de la imagen de su hija muerta años atrás. Hay dos africanas que son salvadas de un tratante de personas para caer en el confortable cautiverio de la casa de una policía y su marido jubilado y fumón. Un discapacitado que emula a James Stewart en “La ventana indiscreta” (Alfred Hitchcock, 1954). Y finalmente un grupo heterogéneo de poderosos con actividades espurias que sienten su ambición sofocada por el calmo ritmo del pueblo y persiguen la quimera de la inversión china.

Todos los personajes serán forzados por las circunstancias a salir de sus celdas materiales, metafóricas y psicológicas haciendo girar la rueda de la trama. Todas las puertas se abrirán, liberando a algunos y lanzando al abismo a la mayoría. Aquel pueblo no volverá a ser el mismo una vez abierta la caja de Pandora, o quizás sí. Tal vez en unos años esos diez días del relato sean una anécdota, terrible para quienes fueron sus contemporáneos; pintoresca para las generaciones futuras; intrigante para los turistas eventuales. O probablemente sea un hecho fundacional, una tragedia nodal que modifique para siempre la vida del pueblo como unidad demográfica-administrativa y la de sus habitantes en tanto ciudadanos de un inhóspito y tranquilo paraje costero.

Por Martín Miguel Pereira
redaccion@cineramaplus.com.ar

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