TV: Crítica de “Love” (Temporada 2)

Love

Love: Temporada 2 (Estados Unidos – 2017)

Creadores: Judd Apatow, Lesley Arfin, Paul Rust / Producción: Dara Weintraub, Ali Waller, Mike Mitchell, Chris Witaske, Iris Apatow / Intérpretes: Gillian Jacobs, Paul Rust, Claudia O’Doherty, Jordan Rock, Tracie Thoms, Briga Heelan / Compañías productoras: Apatow Productions, Legendary Television / Episodios: 12 / Cadena original: Netflix / Distribución en Latinoamérica: Netflix.

LOVE: EL GUSTO POR LOS DETALLES

La segunda temporada de una gran serie genera expectativas: queremos saber si la primera fue una anomalía (caso True Detective) o si estamos en presencia de un producto que nos seguirá brindando satisfacciones en los años venideros. Love claramente reafirma sus aciertos, aunque huelga decir que no aporta muchos elementos novedosos en esta nueva entrega. Su valor es el devenir, el paso lento de tortuga que nos asegura la llegada al objetivo de la serie: hacer una radiografía de las problemáticas contemporáneas del amor y la pareja.

Love se hace fuerte en la repetición, en lo cotidiano o en la forma en que se llega a lo cotidiano y su tono se mantiene acorde a ello. No vamos a encontrar en los diálogos grandiosos one liners, es probable que no nos deje frases para el recuerdo, pues su naturaleza y centro es el transcurrir. Todo eso está enfatizado en esta segunda temporada. Y es por ello también que podamos sentir que la serie perdió el factor sorpresa, que todo ya se vio. La segunda temporada es la elaboración de lo presentado en la primera. Pero cuando uno ve algo repetido muchas veces, automáticamente comienza a buscar el detalle, eso que hace diferente cada repetición y en ello se apoya Love.

¿Qué cosas podemos percibir ahora con más fuerza? Primero, que es una historia de amor que no puede ocurrir sino en Los Angeles. Los personajes nunca caminan, sólo deambulan pequeñísimos tramos y dentro de un espacio muy restringido. El Uber es una extensión de las piernas cuando no manejan su propio auto. Nunca toman transporte público. Y esto es porque Los Angeles no es una ciudad para caminar, es una ciudad para recorrer motorizado. Diferencia abismal y notoria si hubiera sido rodada en Nueva York, una ciudad de largas caminatas apenas interrumpidas por viajes en metro. En Nueva York se está en la calle, en Los Angeles no.

Los cuerpos y su lenguaje pasan al primer plano. En la primera temporada nos ocupamos más por la palabra, por lo que se decía y se callaba. Pero como ya  conocemos al dedillo a Gus y a Mickey al punto de saber cómo van a reaccionar ante cada situación, podemos visualizar mejor su lenguaje corporal, que no hace más que enfatizar su personalidad. Gus expresa sus dudas y vaivenes con todo el cuerpo, Mickey muestra su cansancio cotidiano en su forma de caminar. No es casualidad, cuando las palabras ya no bastan el cuerpo es el que comienza a hablar.

El otro hecho puesto de manifiesto en esta nueva temporada es la incomodidad insalvable de los personajes. Cada vez que Gus y Mickey se ven es como la primera vez y no en un sentido romántico. Nunca logran automatizar movimientos, decisiones, acciones. Ambos viven en una total incertidumbre. Y quizás eso sea lo más interesante que nos muestra Love como imagen especular del amor contemporáneo. Si en “Años” Pablo Milanés se quejaba de la “tremenda armonía que pone viejos los corazones”, su sueño de un amor sin ningún tipo de cotidianeidad y rutina devino en pesadilla pues no hemos ganado por ello pasión, sino anempatía, la imposibilidad de comunicarnos. Los pequeños consensos, los acuerdos tácitos y la rutina nos permiten preocuparnos por cosas más importantes que por si está bien o mal que pasemos todo un día juntos o cuántos wassap se pueden mandar por hora y en qué situaciones.

La segunda temporada de Love parece decir que la pretendida soltura de no querer tener planes es una fachada falsa que nos impide comunicarnos y amarnos. El “amor libre” termina volviéndose “amor imposible” pues día a día nos preocupamos más por la forma sin pensar si ella representa y potencia el contenido que queremos expresar. Cuando ambos protagonistas se hagan cargo de lo que sienten recién allí podrán vivir su amor; puro, descontracturado, la fusión armónica entre forma y contenido.

Por Martín Miguel Pereira
redaccion@cineramaplus.com.ar

 

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