Crítica: La Bella y la Bestia (2017), de Bill Condon

La bella y la bestia (Estados Unidos/2017)

Dirección: Bill Condon / Guión: Stephen Chbosky y Evan Spiliotopoulo / Fotografía: Tobias A Schliessler / Edición: Virginia Katz / Intérpretes: Emma Watson, Dan Stevens, Luke Evans, Kevin Kline, Ewan McGregor, Ian McKellen, Emma Thompson y Stanley Tucci / Duración: 129 minutos.

REVIVAL NOSTÁLGICO

En los últimos años, Disney se ha brindado a filmar sus clásicos animados en live action; y no parece ser por falta de ideas sino más bien por un interés comercial que lucra con la nostalgia de aquellos que tienen más de treinta y supieron ver cada estreno anual de la compañía en el empinado cine Los Ángeles. Es así como luego de La Cenicienta y Blancanieves ahora le tocó a La bella y la bestia, uno de los clásicos más entrañables de Disney inspirado en un cuento tradicional francés.

La historia la conocemos todos y versa sobre la maldición que cae sobre el castillo de un joven príncipe un tanto engreído. Durante un lujoso baile en el salón principal de la mansión una bruja arroja un hechizo no sólo condenando al dueño de casa a una feroz transformación física, sino también a todos aquellos que la habitan, convirtiéndolos en objetos hasta que la bestia encuentre al amor de su vida.

La bella y la bestia descansa sobre la esencia original del clásico animado y se vincula con él de manera cien por ciento fiel. Es decir, así como Gus Van Sant lo hiciera con Psycho (Hitchcock, 1961) Disney se auto cita realizando una película a imagen y semejanza. Si tuviéramos la posibilidad de reproducir ambas cintas al mismo tiempo podríamos corroborar el hecho. Y el debate se centra en sentar posiciones y ubicarse de uno u otro lado del abismo. ¿Es o no un defecto del film su íntegra fidelidad? La respuesta depende si se opta por la emoción que provoca la nostalgia o la búsqueda de algún tipo de innovación cinematográfica.

Lo cierto es que la nostalgia cotiza y la magia de Disney hace lo suyo. Con una superproducción digna de la firma y un diseño de arte impecable, el film logra emocionar a todos sus fans de la mano de una historia que nunca perderá su encanto. Si bien las actuaciones son un tanto cuestionables, no hay dudas que la fotogenia de Watson eclipsa cualquier otro parecer e invita a sumergirse en los laberintos fantásticos del cuento tradicional que supo marcar el ícono de princesa de toda una generación.

Por Paula Caffaro
@paula_caffaro

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