Lucrecia Martel habló sobre su esperada “Zama”

Lucrecia Martel, quien este año finalmente estrenará “Zama“, fue una de las tutoras del evento Qumra, organizado por el Doha Film Institute. Allí, en Qatar, la realizadora salteña le concedió una entrevista al sitio Cineuropa en la que habló de la esperada adaptación de la novela de Antonio Di Benedetto en la que Don Diego de Zama, un oficial español del siglo XVII asentado en Asunción, espera su transferencia a Buenos Aires.

¿Por qué has decidido adaptar Zama?
Uno de los denominadores comunes en países de economía no muy desarrollada como Argentina es que es muy difícil hacer proyectos ambiciosos como, por ejemplo, películas de época que requieran una recreación, porque es muy caro. Eso es un problema que hace que no podamos investigar demasiado en nuestro pasado para armar narraciones sobre él. Yo tenía mucho interés en hacer una representación del pasado que no fuese coincidente con la forma en la que se cuenta la historia en América. La novela, en concreto, es muy particular, porque sucede en el pasado pero tiene un conflicto muy moderno, a la vez que está desprovista de una gran preocupación histórica.

A priori, parece que la película es un cambio de registro, ya que tus obras anteriores son más pequeñas, más intimistas.
En ese punto sí es diferente, pero no es un cambio tan grande. En la manera en la que las filmo se parecen. Me siguen interesando ciertos problemas culturales de Sudamérica, como por ejemplo el no tener buenos archivos de películas ni fotográficos, no tener bien cuidadas las bibliotecas públicas. Todo lo que significa la preservación del pasado parece ser un lujo de otros países. Creo que la Universidad de Berkeley tiene más libros que las bibliotecas nacionales de Argentina, Chile y Brasil juntas. Es un privilegio poder hacer una película con un presupuesto que te permita, haciendo malabares e inventando muchas cosas, investigar en el pasado. No pasa muy a menudo en el cine latinoamericano.

¿Ha sido difícil financiar la película?
Uno se da cuenta de que a una película le costó reunir el dinero cuando hay muchos productores en ella. Fuimos a pedir dinero a todos los sitios, y cada uno de ellos nos dio un poco; no vino nadie diciendo que nos daba todo lo que queríamos, eso solo pasa con las películas mainstream o con gran potencial comercial. Creo que duran más los títulos de crédito que la película (ríe). A mí, filmar, ni me vuelve loca ni me parece lo más interesante del mundo; no es que quiera filmar algo todos los años, nunca me pasó. Pero cuando elijo algo que quiero hacer, como ya sé lo que cuesta encontrar financiación, elijo cosas en las que voy a estar interesada muchos años, para aguantar todo ese proceso.

Siempre me siento muy cerca de los directores que empiezan.

Has trabajado, por tercera vez, con Pedro Almodóvar y su productora. ¿Cómo se generó tan buen tándem?
El trabajo es muy respetuoso. En El Deseo apoyan la película sin tratar de modificar nada, solo estando atentos para ver cómo ayudar sin intervenir en la parte artística. Creo que esto pasa porque es una productora de un director, que sabe que no sirve de nada entrometerse.

El rodaje ha sido muy desafiante…
Ha sido difícil, pero también muy divertido. Hemos tenido que rodar con animales y dificultades (agua, barro, lluvia, frío, calor)… Este ha durado dos meses. Y los actores que participaron en él fueron increíbles, porque tuvieron que aguantar todas esas cosas. Es una película que tiene lugar en la frontera, y necesitaba una mezcla de gentes, por ello hay un grupo tan heterodoxo de actores, americanos, españoles, etc.

Participaste por primera vez en el Qumra, dedicado a mostrar el camino a los cineastas emergentes. Ahora sos una cineasta reputada, pero ¿Qué obstáculos tuviste al empezar?
Yo siempre me siento muy en los comienzos, porque como filmo cada tantos años, es casi como volver a empezar. Siempre me siento muy cerca de los directores que empiezan. Una de las mayores dificultades que he tenido siempre es precisamente el financiamiento de las películas, pero otra, que me parece más difícil de resolver, y más importante, es encontrar un lenguaje propio. Todo lo que hago cuando doy clase es intentar ayudar para que eso suceda. No trato de transmitir una matriz narrativa, sino herramientas que permitan a la persona encontrar un lenguaje propio. Y eso es algo que yo hago porque me hubiera gustado que me pasase a mí.

Via Cineuropa
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