Crítica: Yo soy Simón (2018), de Greg Berlanti

Twentieth Century Fox's "Love, Simon."

Yo soy Simón / Love, Simon (Estados Unidos – 2018)

Dirección: Greg Berlanti / Guion: Elizabeth Berger y Isaac Aptaker, basado en la novela Yo Simon, Homo Sapiens de Becky Albertalli / Producción: Marty Bowen, Wyck Godfrey, Isaac Klausner, Pouya Shahbazian / Fotografía: John Guleserian / Edición: Harry Jierjian / Intérpretes: Nick Robinson, Jennifer Garner, Josh Duhamel, Katherine Langford, Logan Miller, Alexandra Shipp / Duración: 110 minutos.

CUESTIÓN DE ¿NORMALIDAD?

Now I’m running and I can’t stop anywhere I go
I think about it everyday and night I can’t let go
Man, I’m never the same
We were shot gun lovers I was shot gun running away

So come a little closer
There was something I could tell ya
You were such a rollercoaster
And a killer queen you are

Bleachers- Rollercoaster

Ni bien comienza Yo soy Simón, el protagonista describe su vida y entorno como algo normal apoyándose en breves escenas que remarcan dichas palabras repetidas dos veces en pocos minutos: padres comprensivos aún casados, hermana menor que ensaya recetas con ellos para convertirse en chef, un lazo inmejorable entre los cuatro, amigos confiables (incluso Abby, la joven que conoció hace pocos meses), una casa grande y una habitación con un espacio especial para la cama king size que la envuelve en una atmósfera única gracias a las paredes cubiertas con pintura para tiza repletas de mensajes, canciones, recordatorios, palabras y más canciones. Ese mundo perfectamente articulado –contenido, incluso– se tensiona cuando el joven mira por la ventana al hombre que corta el cesped. “Soy normal como vos pero tengo un gran secreto”.

De esta manera, la última película de Greg Berlanti propone dos ejes temáticos bastante contrapuestos. El primero tiene que ver con la dificultades que experimenta Simón no sólo para exteriorizar su preferencia sexual, sino también para reconocerse en ella. Para esto, el director se vale de dos estrategias que articulan el presente con el mundo de la imaginación: el blog institucional con noticias y chismes al que acceden alumnos, docentes y directivos y las idealizaciones sobre la posible identidad de Blue, quien dejó un mail tras declararse homosexual. Incluso, bailan I wanna dance with somebody de Whitney Houston con remeras de colores emulando los filmes musicales de los 70 y 80.

El segundo plantea una mirada estereotipada y hasta naif respecto a esta supuesta normalidad. Debido al monólogo del comienzo, la pregunta que surge inevitablemente es ¿qué significa ser normal? ¿Cuáles son los parámetros del director para establecer que una familia raramente tan unida en los tiempos actuales responde a esta lógica? ¿O por qué tener un secreto implica un corrimiento de la regularidad? El colegio se exhibe como lugar repleto de modelos fijados: chicas populares que imitan poses sumergidas en los celulares, los deportistas, el directivo que busca establecer contacto con los adolescentes o las fiestas en las casas.

Yo soy Simón sondea vías para retratar el descubrimiento de uno mismo, el vínculo de uno con los demás, la libertad para conversar y sentirse a gusto, la confidencialidad y el peso de no saber cómo expresar el conflicto interno hacia los seres queridos. A veces sólo se necesita “saber ver y escuchar” y Simón parece saberlo en exceso. Su nombre lo confirma.

Por Brenda Caletti
@117Brenn

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