Critica: Malcolm y Marie (2021), de Sam Levinson – Netflix

Malcolm y Marie / Malcolm & Marie (Estados Unidos – 2021)
Estreno exclusivo de Netflix

Dirección y Guion: Sam Levinson / Producción: Sam Levinson, Ashley Levinson, John David Washington, Zendaya / Música original: Labrinth / Fotografía: Marcell Rév / Montaje: Julio Pérez IV / Intérpretes; Zendaya, John David Washington / Duración: 106 minutos.

PRISIÓN CÍCLICA

En una suerte de gran loop, la última película de Sam Levinson (Nación salvaje, y la serie Euphoria) articula tres acciones automatizadas de los protagonistas como alertas de cada batalla física y verbal: ella sale a fumar un cigarrillo, él se sirve un vaso de whisky –o viceversa– y la cámara muestra a alguno de ellos en el baño. El acercamiento comienza inofensivo, cómplice o cargado de deseo pero, sin previo aviso, se enreda. Las palabras atascadas en la garganta durante años, ahora brotan como la lava de un volcán destruyendo todo a su paso e, incluso, producen cierta sensación de detenimiento temporal. Los ventanales se alejan de la idea de transparencia para convertirse en una barrera débil entre un afuera amenazante y un interior espeso, indomable. Quien habla, instantáneamente se apropia del espacio hasta volverlo asfixiante, los movimientos del cuerpo intentan traducir las variaciones anímicas y las inflexiones en la voz, mientras que el otro permanece quieto, reducido a un simple objeto del decorado, casi invisible. Por ejemplo, Marie se ve pequeña debajo del agua de la bañera cuando la pareja arremete sobre las inspiraciones del personaje principal de su obra o Malcolm se funde con el marco de la puerta con cada nuevo golpe de palabras de la mujer. La complejidad de los diálogos y desplazamientos los deja tan exhaustos que se permiten unos segundos de silencio para rearmarse, repetir los gestos involuntarios y charlar de forma amena hasta el siguiente round.

No caben dudas del gran trabajo de Zendaya y John David Washington apresados en intensos monólogos en permanente tensión, donde el ego, las debilidades, el temor y la urgencia de amar sobreponiéndose a la aversión propia están a flor de piel. Un desgaste tanto vocal como de los cuerpos que buscan hacerlo carne y visibilizar los demonios más recónditos individuales y de pareja. Incluso, el director agrega mecanismos narrativos como la ropa que se quitan a medida que transcurre la noche como si se despojaran de las cargas abrumadoras, la elección del blanco/ negro que subraya la polarización entre ambos o los planos generales que acentúan la soledad y el miedo frente a lo inabarcable en tanto potenciadores del discurso y de la puesta en escena.

Sin embargo, el sofoco provocado por la seguidilla de discusiones, varias razones impuestas para reiterar las disputas y cierta pesadez de los diálogos terminan por causar rechazo. El leitmotiv como anticipo del desenfreno no hace más que transformarse en cliché y en previsibilidad, numerosas frases suenan forzadas o soberbias y los cuerpos empiezan a pesar, a embeberse de la toxicidad del enfrentamiento, de los pasados y del encierro. La lucha, entonces, estanca todo el trabajo discursivo y de puesta en escena hasta volverse el gran acontecimiento, mientras las capas de sentido, los personajes y la casa se circunscriben a una mera excusa, ornamentos superficiales sin valor por sí mismos pero conductores del agobio generalizado.

La última escena de Malcolm & Marie intenta restablecer el juego del principio y cerrar un espiral orgánico pero no alcanza. Si todo empieza con el auto llegando a la casa desde un lugar perceptible solo a través de los sucesos relatados por los dos, el exterior ahora se vuelve palpable, visible y retenido por la lente. Un continuum atrapado en su propia lógica.

Por Brenda Caletti
@117Brenn

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