Crítica: Ma (2019), de Tate Taylor

Ma (Estados Unidos – 2019)

Dirección: Tate Taylor / Guion: Scotty Landes / Producción: Jason Blum, John Norris, Tate Taylor / Fotografía: Christina Voros / Música: Gregory Tripi / Edición: Lucy Donaldson, Jin Lee / Intérpretes: Octavia Spencer, Diana Silvers, Juliette Lewis, McKaley Miller, Corey Fogelmanis, Luke Evans, Allison Janney y Dominic Burgess / Duración: 99 minutos.

El realizador Tate Taylor, conocido por el filme Historias cruzadas ahora lleva a Octavia Spencer a otro territorio genérico, en este filme de terror, o al menos con pretensiones terroríficas.

La trama se dispara desde que una madre (el regreso de Juliete Lewis) y su joven hija se van a vivir a Mississippi, interesante elección que sea un pueblo sureño con su histórica moralina. Allí, mientras la madre trabaja de mesera y trata de remar la subsistencia de la familia, su hija se inserta en el mundo pueblerino y juvenil extracurricular. Ella vive esa etapa de la adolescencia hecha a pura tracción de deseo sexual, donde el motor es ir tras los descubrimientos acerca de lo prohibido. El contexto del filme se instala así en un mundo de colegio secundario plagado fantasías de transgresión, el territorio ideal para que un “agente del pecado” seduzca a estos jóvenes con el dulce sabor de su manzana envenenada. Y es así que irrumpe en el filme Octavia Spencer que se presenta como una “negra copada”, una desconocida amigable y empática que les facilita todo lo que está a su alcance para que vivan el jolgorio tan deseado. Alcohol, fiestas, y hasta un sótano de uso libre y exclusivo en su propia casa, una guarida misteriosa alejada de la ciudad.

Podemos decir que en el marco del dispositivo de filme de estudiantina + terror (del subgénero que sea) en sus primeros 45 minutos de expansión, la película genera un clima lúdico, entreteniendo con micro dosis de suspense, contando con la complicidad del espectador en tanto todos sabemos que ese juego de ir hacia la liberación dionisíaca no va a terminar nada bien. No olvidemos el lugar narrativo ya constituido “de sancionador moral-mortal” que el género de terror en su versión más ochentosa guarda como remate de todas las desmesuras.

Es claro que este es un relato con guiños a los 80 y al estallido de relatos sexuados juveniles con su respectivo castigo final de morbosa visualización. Pero aquí ya no estamos en la marea de esa ola y la narración es consciente de esa propia constitución. Esa conciencia que atraviesa el filme, y en la que todos nos hacemos un guiño cómplice, se sostiene sobre la figura de la malvada Octavia que hasta tiene un humor explícitamente relacionado con “yo se lo que esto haciendo en esta película”. Pero salvo por esa conciencia cómplice que nos divierte en la introducción de la trama, la segunda mitad del filme recae en toda una parafernalia explicativa de porqué la malvada mujer negra les allana el camino al pecado y por ende cuál es su demoníaca meta última en este entuerto.

A través del uso de flashbacks, Octavia devela la razón de su objetivo mortal, y la película cae en el más obvio de todos los lugares comunes. Violencia a destajo, sangre y torturas varias, pero todo sin una pizca de “sin razón”. Ahora la historia se convierte en manual de maldades ya vistas y explicadas. Si la gracia del mal es que es “el mal en sí mismo” es el sentido de su esencia y el fin ultimo de su sinergia, acá no queda nada de esa audacia demoníaca que el terror permite recrear en su materia.

Por Victoria Leven
@LevenVictoria

55%
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