Crítica: El hombre del presidente (2020), de Woo Min-ho – Festival Han Cine

El hombre del presidente / Namsanui bujangdeul (Corea del Sur – 2020)
Festival Han Cine 2021

Dirección: Woo Min-ho / Guion: Woo Min-ho, Lee Ji-min / Producción: Woo Min-ho, Kang Sarah, Kim Won-guk / Intérpretes: Lee Byung-hun, Lee Sung-min, Kim So-jin, Kwak Do-won, Lee Hee-joon / Duración: 114 minutos.

DILEMAS ASIMÉTRICOS

“Lincoln es como un dios aquí. Aun así, le dispararon y lo mataron”, sentencia Park Young-gak, ex jefe de la Agencia de Inteligencia Coreana (KCIA), admirando a la colosal escultura. Su compatriota tampoco puede apartar los ojos, a pesar de que la cabeza continúa alborotada a causa de los últimos descubrimientos. La semilla de la duda ya fue sembrada. Si el actual director de la KCIA lucha contra los sentimientos encontrados hacia el gobierno, el vínculo se tensa mucho más luego de escuchar rumores sobre cuentas bancarias en el exterior manejadas por ‘Iago’, un agente misterioso del presidente. La inquietud termina de encarnarse cuando, de forma abrupta, Abraham Lincoln contempla al personaje-espectador desde lo alto del sillón. La tela rígida de los pantalones domina la pantalla casi por completo dando cierto efecto de un cuerpo inalcanzable y algunos rincones permanecen oscuros por la falta de luz, mientras ellos se ven diminutos entre las gruesas columnas, como un decorado silencioso. El efecto de asimetría dura unos segundos más y una vez fuera recuperan tanto el punto de vista como el tamaño, al menos, por un rato. Hasta la próxima manipulación.

No caben dudas de que el uso del contrapicado, los planos subjetivos y la mezcla de planos-contraplanos frontales y de perfil en El hombre del presidente subrayan la distinción jerárquica enfocada en los 40 días previos al asesinato del mandatario coreano en 1979. Tal es la necesidad de señalar esa diferencia que las locaciones suelen desarrollarse en el interior de su vivienda, durante reuniones de extrema delicadeza o en oficinas, terrenos de mayor concentración de poder. De modo que prevalecen las apariciones de frente del presidente Park Chung Hee o delante de los demás miembros del gobierno para afianzar el paralelismo de omnipotencia con la estatua norteamericana y las escasas veces que aparece en otra posición está solo o se comunica de forma mediada con la persona ausente, por ejemplo, por teléfono. En cambio, los responsables de los departamentos o entidades tienden a mostrarse de costado y en ángulos junto a él generando una leve distancia. Esta lógica se repite también en cada escena, donde el personaje que ostenta el mayor grado adopta las posturas correspondientes reforzando durante todo el metraje la sensación de acecho y desigualdad.

Por otro lado, el director concibe los encuadres en tanto pinturas clásicas apoyándose en una correcta perspectiva y delimitando las puestas con marcos de puertas y ventanas, reflejos en espejos o la misma arquitectura dentro de las casas o del propio espacio público. Hay un cuidado especial en la elección de los objetos, de la paleta de colores y el uso de luces y sombras para acentuar esos rasgos.

Cada recurso cinematográfico está particularmente pensado para resaltar la red de intrigas y especulaciones con las que debe lidiar Kim Gyu- Pyeong, el hombre al que hace referencia el título. Desde el aspecto político y social, las presiones de Estados Unidos, la denuncia de su antiguo compañero de la revolución ante un tribunal extranjero y los disturbios en numerosas ciudades. Desde el ámbito privado, con los celos hacia el jefe de seguridad para mantener el favor del gobernante y con las contradicciones que amenazan todo aquello por lo que peleó. Si bien estos mecanismos funcionan en pos de la trama, es el plano cenital del comienzo el que dictamina el eje de la película. Woo Min- ho construye la obra como un inmenso tablero de espionaje cuyas fichas se reacomodan de acuerdo a rumores y estrategias. La frase de Park como condena moral hacia quienes le juran lealtad no sólo revela la ligereza con la que los seguidores del régimen se vuelven indeseables o peligrosos, sino el desfasaje entre el respaldo de palabra dentro plano ámbito privado y los movimientos para beneficiar la imagen pública. Mientras que los personajes desconfían, buscan alianzas, intercambian información incompleta y terminan cautivos de sus propias divagaciones. Un juego dominado desde las sombras por hilos invisibles y la falsa promesa de una salvación ingenua o tardía.

Por Brenda Caletti
@117Brenn

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