Crítica: El escándalo (2019), de Jay Roach

El escándalo / Bombshell (Estados Unidos – 2019) 

Director: Jay Roach / Guion: Charles Randolph / Producción: A.J. Dix, Aaron L. Gilbert, Robert Graf, Michelle Graham, Beth Kono, Charles Randolph, Margaret Riley, Jay Roach, Charlize Theron / Música: Theodore Shapiro / Fotografía: Barry Ackroyd / Montaje: Jon Poll / Diseño de producción: Mark Ricker / Dirección de arte: Christopher Brown / Intérpretes: Charlize Theron, Nicole Kidman, Margot Robbie, John Lithgow, Allison Janney, Malcolm McDowell, Kate McKinnon, Connie Britton, Liv Hewson, Brigette Lundy-Paine / Duración: 109 minutos.

Dirigido por Jay Roach y con guion de Charles Randolph, el filme está basado en hechos reales sucedidos dentro de la cadena de noticias Fox durante 2016 a partir de una denuncia judicial por acoso sexual, que hiciera una de las periodistas del canal, Gretchen Carlson, que pondría al descubierto a su perpetrador el CEO de Fox News Roger Aisles.

Bombshell, título original de la película que en Argentina se ha estrenado como El escándalo, juega con esa palabra en sus dos sentidos, el primero, lo que nosotros llamaríamos un bombazo, una noticia espectacular por su impacto en la audiencia, y en el otro sentido, el de una mujer de belleza igualmente espectacular, lo que nosotros también llamaríamos una bomba. Asistimos a un despliegue de fuegos de artificios vistosos y llamativos, pero lamentablemente esa bomba tan anunciada nunca terminará de estallar.

Fox News, la cadena de noticias, islamofóbica, transfóbica, racista y homofóbica, fundada por el australiano Rupert Murdoch en 1996, y manejada por Roger Ailes se ha ido convirtiendo con el paso de los años en la usina de noticias del ala ultraconservadora, y de la máquina propagandística de la ultra derecha más reaccionaria de los Estados Unidos. Al frente de la gran empresa de noticias nos encontramos con el maquiavélico Roger Ailes (John Lithgow) antiguo consultor en los años sesenta de Nixon, en los ochenta de Reagan y en los noventa de G.H.W. Bush, haciendo de las suyas, es decir, realizando operaciones mediáticas despejando el camino para que Donald Trump llegara a la presidencia, candidato al que Fox apoyaría incondicionalmente en su campaña electoral como en el pasado lo había hecho con sus antecesores republicanos.

BELLEZA AMERICANA

El escándalo comienza a partir del tan anunciado debate por las presidenciales, que tienen a Trump como protagonista. El debate será moderado por tres periodistas de la Fox, de los cuales uno de ellos resulta ser Megyn Kelly (Charlize Theron), la presentadora más popular del noticiero. En la primera escena Megyn nos muestra el funcionamiento de la cadena, mirando a cámara, rompiendo la cuarta pared, quizá para lograr la empatía con el espectador. Pertrechada para el ataque contra el misógino, xenófobo y racista Trump, Megyn Kelly hace fuego con un comentario de alto voltaje, recordándole a Trump la denuncia que hiciera por aquel entonces su ex mujer sobre la violación sufrida a manos del candidato, mientras que Trump le responderá que un marido no puede violar a su mujer justamente porque es su pareja, y luego, Megyn volverá al ataque recordándole sus comentarios misóginos sobre una participante de un concurso televisivo, “qué linda imagen sería verla de rodillas”… Kelly increpa a Trump preguntándole si tal comentario le parece digno de un presidente, a lo que un Trump sacado de quicio responderá a Kelly con quince tweets insultándola y disminuyéndola con comentarios ofensivos sobre su aspecto.

A partir de ese mismo día mientras que el despiadado Ailes seguirá alentando a Kelly a intensificar su ataque mediático contra Trump, porque resulta rentable en términos de audiencia, Kelly deberá soportar persecuciones mediáticas a través de trolls, seguidores de Trump y de paparazzis que se entrometerán no sólo en su vida diaria, sino en su propio hogar, recibiendo incluso amenazas de muerte.

Quizás estas primeras escenas reflejen la política interna de la empresa Fox para con las presentadoras, un patriarcado opresivo y asfixiante, que pone la mira en el envase más que en el contenido. Y que denigra a la mujer reduciéndola a su imagen, es decir a un cuerpo joven y atractivo, de cabellera rubia y piernas largas, que será monitoreado, registrado y juzgado según los parámetros de belleza de la ultraderecha norteamericana más recalcitrante, es decir, que la imagen de mujer responda a los cánones de belleza de una Barbie.

VIGILAR Y CASTIGAR

Ailes vigila y controla los movimientos de sus empleados no sólo a través de monitores de vigilancia, sino que además ha instalado en el piso doce una mini agencia de espionaje para observar, escuchar y perseguir a sus propios empleados, con el fin de asegurarse de que su consigna de lealtad a la empresa sea cumplida a rajatablas. Y esta norma, la de la lealtad, Ailes la pondrá en práctica con sus presentadoras estrellas, unas rubias espectaculares, tipo Barbies, forzándolas a acceder a sus requerimientos sexuales. Comprobaremos hasta qué punto, para la Fox, lo importante es la imagen, lo que se ve en pantalla, más que el contenido, lo que se dice al aire. Bastaría con ver la sala de maquillaje y de vestuario que se parece más a un bunker con arsenal de guerra que a un lugar de acicalamiento. No ha sido mera casualidad que Kazu Hiro haya ganado el Oscar por el rubro mejor maquillaje y peinado. Todas las rubias del noticiero deben verse perfectamente maquilladas, luciendo tacos altos y faldas cortas porque la cámara se detendrá en sus piernas más que en sus caras.

La escena en la que Ailes increpa y humilla públicamente a otra de sus presentadoras, Gretchen Carlson (Nicole Kidman) muestra su costado abusivo y misógino. Le grita con violencia no sólo porque osa salir al aire sin maquillaje, y porque ha instado a otras mujeres a hacer lo mismo, ir a la oficina sin afeites, sino porque su rostro suda como el de una menopáusica… Ailes pone de manifiesto la política de la cadena Fox, lo estético debe primar sobre lo ético. El guiño que nos hace el director nos recuerda que una de las razones por las que Nixon perdería el debate frente al joven y apuesto Kennedy, sería porque el rostro de Nixon, de quién Ailes sería su principal asesor, mostraba gotitas de sudor que lo hacían verse cansado y vencido, y esta imagen de perdedor resultaría decisiva para llevarlo a la derrota. Carlson después de haber soportado cambios de horarios, y de haber pasado de conducir un programa con horario central, a otro programa de baja audiencia, será despedida, casi por las mismas razones por las que Nixon perdería.

La tercera bomba en cuestión es Kayla (Margot Robbie) una bellísima joven evangélica que ingresa a Fox como pasante y cuya familia quiere verla convertida en una presentadora estrella. La ambiciosa joven obtendrá una entrevista con Ailes en la que deberá ponerse de pie, girar, caminar para luego subirse la pollera hasta que Aisles pueda ver la ropa interior que lleva puesta. Casi temblando, a través de ella podemos adivinar la vergüenza, la humillación y el miedo que han experimentado desde los primeros tiempos de la Fox todas las otras víctimas de acoso a manos de Ailes.

#METOO

El acoso sexual, las humillaciones en público, las ofensas y las provocaciones derivadas del abuso se convierten dentro de la empresa de noticias en instrumentos de dominación y coerción utilizada contra las empleadas que deberán someterse a tales reglas de juego si quieren conseguir ascensos o participación en los programas con mayor audiencia de la cadena. El propio Ailes justificará el abuso de poder diciendo que el mobbing es llevado a cabo por alguien con poder que ataca a otro con menos poder. Gracias a la demanda judicial que llevará a cabo Gretchen Carlson contra Ailes, y después de haber logrado que otras veinte antiguas empleadas de la cadena den sus propios testimonios del abuso sufrido, sumado al testimonio que dará Kelly, esta maquinaria despiadada será puesta al descubierto…

Sin embargo, cuesta tener empatía con las dos protagonistas Gretchen Carlson y Megyn Kelly, no así con la candorosa Kayla, llamativamente el único personaje ficticio construido a partir de innumerables testimonios de damnificadas, que demostrará con su decisión final mucho más valor y heroísmo que sus colegas veteranas; ya que tanto Gretchen como Megyn, dejan en claro su pertenencia de clase a la alta burguesía elitista con sus comentarios racistas y homofóbicos, y que las lleva a preocuparse mucho más por su status, su prestigio, o su fortuna personal que lograr el empoderamiento de las demás mujeres.

La visión del filme podría resultar relevante si hubiera ido a fondo con las motivaciones de los personajes, y si se hubieran propuesto tanto director como guionista desmontar la diabólica maquinaria de la empresa, pero se contentaron con mostrarnos apenas la fachada de una Fox con tanto maquillaje prostático que ha logrado ocultar los turbios manejos de los Murdoch, dueños de la cadena, la persecución ideológica, y el maltrato corporativo a sus empleadas enquistados en la Fox durante más de veinte años.

Por Gabriela Mársico
@GabrielaMarsico

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