Crítica: Annette (2021), de Léos Carax

Annette (Francia / México / Estados Unidos / Suiza / Bélgica / Japón / Alemania – 2021)
Estreno a través de la Plataforma MUBI

Dirección: Léos Carax / Guion y Música original: Ron Mael y Russell Mael (Sparks) / Canciones: Ron Mael, Russell Mael y Léos Carax / Fotografía: Caroline Champetier / Edición: Nelly Quettier / Intérpretes: Marion Cotillard, Adam Driver, Simon Helberg, Rila Fukushima, Rebecca Dyson-Smith y Natalie Mendoza / Duración: 139 minutos.

Nunca mires al abismo, es una frase que se pronuncia más de una vez en esta nueva obra de Léos Carax. Y definitivamente la película entera es una suerte de vertiginosas subidas a la cima y bajadas al abismo, generando a veces un aparente disloque narrativo, que igualmente no deja de conservar la forma clásica del cuento trágico de amor obtenido y amor perdido.

Adam Driver y Marion Cotillard son quienes crean este dueto de la narrativa de amor, un amor en versión ópera rock – para toda una narrativa en clave musical – que se unen cual dos estrellas del escenario que representan en el filme, la cantante y el comediante, y dan lugar al génesis de este encuentro romántico que devendrá en tragedia.

Como en las historias de cuentos infantiles, el rey y la reina dan una hija a luz Annette, singular criatura, por cierto. Hija de la digitalización y el maquillaje que se nos expone a la vista como una rareza, tal vez una muñeca más que una hija en términos de realismo, si la idea de realismo es posible en algún lugar de este filme.

En una escena de esas épicas de desgracia inevitable, la familia navega en altamar y solo se salvan Annette y su padre. Incluyendo la presencia fantasmal de la madre que se llama a la venganza.

El derrotero padre – hija deviene en una locura progresiva de fans que siguen a la niña, de escenas de conflicto y hasta de otras muertes que no es posible revelar aquí.

La presencia ausente de Marion flota a lo largo del resto del relato, como un aire espeso o con su figura visible cantante y sonante que envuelve como un espiral a los sobrevivientes del naufragio.

Pero este anecdotario argumental no ilustra en sí mismo la construcción narrativa del filme de Carax que se nos impone ya desde su inicio donde él mismo está sentado como iniciando la ficción que ha creado y preparándonos para ser sus espectadores.

Es la realización explícita de una gran puesta que tiene dentro de si como si fuera una mamushka, una puesta entre teatral y cinematográfica dentro de otra. Hilando todo con la narrativa del musical y los ribetes estéticos de la ópera rock.

Atraviesa todos los lugares de la tragedia y/o el drama, la muerte, la ley, sus castigos, la ausencia y sus dolores, la imposibilidad y el deseo de la paternidad como objeto inalcanzable, y por supuesto el eterno retorno que es lo que sella el canon trágico.

Es una obra fragmentaria y no se le puede exigir un modelo de verosimilitud que la sustente en su entramado argumental, es un poema musical trágico. Y aquel espectador pueda atravesar estas aguas turbulentas encontrará algunos disfrutes audiovisuales, actorales y hasta fotográficos estrictamente hablando.

Por Victoria Leven
@LevenVictoria

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