TV: Crítica de La casa de papel

La casa de papel (España – 2017)

Creator: Álex Pina / Producción ejecutiva: Álex Pina, Sonia Martínez, Jesús Colmenar / Intérpretes: Úrsula Corberó, Itziar Ituño, Álvaro Morte, Paco Tous, Pedro Alonso, Alba Flores / Compañía productora: / Episodios: 15 / Cadena original: Antena 3 / Distribución en Latinoamérica: A3Series Internacional, Antena 3 Internacional, Netflix

UN ROBO POR IZQUIERDA

El cine está plagado de todo tipo de delincuentes, pero los preferidos de los guionistas son los que convierten el crimen en un arte. Cuando se trata de asesinos seriales, el punto de vista suele ser el del detective, pues parece ser que nadie puede empatizar con el victimario. Pero al hablar de robos la cosa cambia radicalmente. Danny Ocean (Ocean’s Eleven) roba casinos como parte de una serie de venganzas personales, no parece importarle el dinero. Pero otros (John Robie de Para atrapar a un ladrón) lo hacen simplemente por gusto, por la satisfacción de la obra realizada a la perfección; no puede evitarlo, el robo es una forma de vida pero no justamente por el rédito económico. Sin embargo, el personaje más usual es el que planea un gran robo y utiliza la ideología para justificarlo; va tras el dinero, pero su obra se vuelve justa. Dichos hombres (casi exclusivamente son hombres los “cerebros” de las operaciones, dato sobre el que hay que reflexionar) tienen una inteligencia y un modo de manejarse que los hace tremendamente seductores; lo saben todo, lo tienen todo pensado.

La casa de papel vuelve sobre este género ampliamente visitado por el cine, pero en su formato está la novedad. La larga duración de una serie le permite no resignar ninguna arista del subgénero “cine de atracos”, es, de alguna forma, la madre de todos los robos. En su devenir se irán abriendo caminos que pueden llegar a resoluciones que emulan montones de películas que conocemos como también están retratados muchos tipos de criminales conocidos y por conocer, lo que brinda un gran potencial para sostener las idas y venidas del robo. Cargada de cliffhangers constantes en cada capítulo, la serie alterna pasado y presente (que no es sino otro pasado en referencia a la voz en off) con suma inteligencia para dosificar la información, clave en este género, pues el ladrón engaña a la policía pero también nos engaña a nosotros, que caemos rendidos ante su pericia.

Los creadores ya incursionaron con éxito en la plataforma Netflix con Vis a Vis, donde vemos un posible desenlace de esta historia: la vida en la prisión. La casa de papel parecería su precuela, deteniéndonos en la vida de todos aquellos que terminarán presos o muertos, en la mayoría de los casos; entendemos sus motivaciones, espiamos sus vidas como si el crimen fuera el desenlace natural de una serie de malas decisiones pero también como respuesta a la desigualdad.

Hay un sustrato ideológico por demás interesante en el relato y más interesante aún pues la ficción no lo condena. Cuando el “malo” de Duro de matar 4 se propone crear el caos de la sociedad capitalista por excelencia (Estados Unidos) derribando todos sus servicios y pilares, lo hace enfundado en la ideología marxista. El personaje cita a Lenin varias veces y no esconde sus ideas detrás de sus acciones, pero es el malo y su ideología queda reducida a un simple revanchismo sin perspectiva de clase. Aquí no se nombra al marxismo pero está más que presente. ¿Qué hacen ellos si no apoderarse de los medios de producción? Técnicamente no roban nada, se apropian de la maquinaria para construir su propio botín: el dinero. El cerebro de la operación incluso equipara su accionar con el del gobierno español al momento de salir al rescate de los grandes bancos a comienzos de este siglo. Esta realidad convence hasta al enemigo en algún caso y nos termina convenciendo a nosotros.

Robar algo que todavía no existe no es un robo y no tiene víctimas, es más bien una reivindicación y un llamado de atención, es metáfora y alegoría.  La casa de papel parecería decirnos, tras su máscara de cine de género, que apropiarse de los medios de producción no es robar, sino más bien una pequeña revolución dentro de un sistema que no va a cambiar.

Por Martín Miguel Pereira

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