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TV: Crítica de “Twin Peaks” (Temporada 3: Inicio)

Twin Peaks – Comienzo de Temporada 3 (Estados Unidos 2017)

Creadores: David Lynch y Mark Frost / Producción: David Lynch, Mark Frost y Sabrina S. Sutherland / Intérpretes: Kyle MacLachlan, Sheryl Lee, Ray Wise, Dana Ashbrook, Mädchen Amick / Compañías productoras: Rancho Rosa Partnership, Showtime Networks / Episodios: 18 / Cadena original: Showtime / Distribución en Latinoamérica: Netflix.

EL TIEMPO PASA, NOS VAMOS PONIENDO TECNOS

Cuando a David Lynch le ofrecieron retomar Twin Peaks, seguramente debió pensar que tenía que tomar muchísimas decisiones y no solamente en cuanto a la producción o al guión. Este es un caso muy extraño, similar pero a la vez muy distinto al de una secuela cinematográfica y con el aliciente de los 27 años que pasaron entre la emisión original y esta nueva entrega. ¿Qué debía hacer el director? ¿Seguir fiel a la estética y poética de la serie original? ¿O crear una nueva más acorde a su cine actual (que de actual tampoco tiene mucho contando que pasaron 11 años de su último film)?

En el análisis de la primera opción está la respuesta, pero ¿A qué Twin Peaks nos referimos con “la original”? ¿A la de la primera temporada y comienzos de la segunda o la que trajinó por el espacio televisivo de ahí en adelante? Recordemos que la primera entrega de la serie generó una revolución de las formas televisivas que influenció a contemporáneas como Riget (de Lars Von Trier) y sigue haciéndolo en productos nuevos como Fortitude.

El tándem Lynch/Frost irrumpió con un relato construido sobre la base de los géneros televisivos y cinematográficos (y todos sus clichés) al que utilizaron para cuestionar esas mismas formas, parodiarlas pero a su vez sostenerse en ellas para crear un producto masivo de gran calidad. Lo que vino luego del capítulo 8 de la segunda temporada, donde conocemos la identidad del asesino, es una historia completamente distinta.

David Lynch ya estaba abocado en la producción de Wild at Heart y la cadena presionó para que se revelara al asesino. Ambas decisiones transformaron la serie al punto de que nadie que sea fanático de ella quiere recordar lo que pasó de ahí en más, por lo menos hasta los últimos capítulos. La serie perdió interés y terminó convirtiéndose en algo parecido a lo que ella misma parodiaba, como si Invitation to Love (la soap opera que aparece capítulo tras capítulo) la hubiera devorado fundiéndose hasta confundirse con ella.

La decisión de David Lynch, como era de esperarse, fue la de radicalizar aún más su trabajo. Si antes lo siniestro y onírico irrumpía en el relato, la nueva Twin Peaks es su imagen especular, parece una disrupción en la pesadilla lyncheana. Aquí debemos detenernos y decir que los propios cambios en la forma de hacer y, principalmente, exhibir, lo que aún llamamos televisión, le permiten al director esta osadía, además de su prestigio (muy superiores a los que gozaba allá a comienzos de los 90’s).

Hay muchos elementos que en estos primeros capítulos parecen no terminar de cuajar: la atmósfera de lo siniestro no está lograda y la historia aún no se entiende. No obstante lo cual, quizás es nuestro error esperar algo que el propio Lynch no intenta realizar. Si a algo nos tiene acostumbrados es a estar abiertos a nuevas experiencias, nuevas formas de entender ya no el cine, sino lo audiovisual sin la pesada mochila de tener que entenderlo todo. Twin Peaks hoy parece dejarnos pendientes de un hilo hasta que por fin encontremos el cristal con que verla y leerla.

En sus películas de finales de los ochenta y comienzos de los noventa, Lynch interpelaba a los años cincuenta, parodiándolos y utilizándolos como metáfora de la sociedad norteamericana. Lo que en su momento fue el miedo al holocausto nuclear, él lo reemplazo por el temor al mal, lisa y llanamente. Lo siniestro y lo malvado eran entidades que se materializaban en personajes diversos. Hoy, el miedo permanece, pero su materialización está lejos de ser clara en la serie. Tal vez con esto el director nos quiera decir que siempre hay un peligro inminente y tal vez sea más siniestro no poder identificar al enemigo pues, de esa manera, el enemigo puede ser cualquiera, incluso nosotros mismos.

Por Martín Miguel Pereira
redaccion@cineramaplus.com.ar

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