TV: Crítica de “Chernobyl” (2019)

Chernobyl (Estados Unidos / Reino Unido – 2019)

Creador: Craig Mazin / Producción: Sanne Wohlenberg / Intérpretes: Jessie Buckley, Jared Harris, Stellan Skarsgård, Emily Watson, Adam Nagaitis, Laura Elphinstone, Paul Ritter, Nadia Clifford / Compañías productoras: HBO, Sky Television, Sister Pictures, The Mighty Mint, Word Games / Temporadas: 1 / Episodios: 5 / Cadenas originales: HBO (EEUU) y Sky Atlantic (Reino Unido) / Distribución en Latinoamérica: HBO.

EL ÉXITO DEL MISTERIO

Chernobyl es la serie del momento, de eso no hay duda. Lo ratifica el tener, por ahora, la mejor puntuación de la página IMDB para una serie (puntaje que proporcionan los usuarios del sitio), superando a monstruos sagrados como Mad Men o Breaking Bad. Por demás estéril sería discutir si es mejor o peor que aquellas pues el arte no es –o no debería serlo– una competencia. Lo que sí nos marca es su amplia aceptación y esto nos debería llevar a la reflexión y el análisis. Considero que hay tres factores que pueden llegar a influir en su éxito: el canal productor, la calidad de su factura y la temática.

HBO lleva históricamente una marca de calidad no sólo en sus transmisiones de boxeo sino, en el nuevo siglo, por sus grandes series, muchas de ellas a la vanguardia de lo que se ha denominado la nueva era de oro de la televisión. Antes del surgimiento de las clásicas series ya nombradas de AMC, HBO se había despachado con The Sopranos, Six Feet Under y The Wire, por citar las más famosas. Ese estándar de calidad lo ha mantenido renovándose constantemente siendo hoy día más importantes sus ficciones en formato miniserie como True Detective (aunque luego se serializó), Big Little Lies o Sharp Objetcs. Además, su condición hegemónica como medio de comunicación le permite brindarle a sus productos una plataforma publicitaria difícilmente equiparable con otras cadenas. Dicho eso, está de más hablar (en principio) de la calidad estético-narrativa del producto. En donde creo que hay que poner los ojos es, principalmente, en la temática: qué es lo que nos atrae tanto del caso narrado.

Junto al espionaje, el contra espionaje, las guerras en territorios ajenos y la división (virtual) del mundo en dos, la guerra fría trajo consigo unos relatos, unos tópicos y una mitología propia alrededor de toda la cuestión. La URSS se convirtió así en un territorio misterioso, militarizado y plagado de intrigas palaciegas. Así como EEUU hace con todos los países que retrata, creó para ella una imagen que difícilmente nos podamos quitar de nuestro imaginario. Apenas podemos hacerlo con Latinoamérica, territorio que habitamos física y culturalmente.

Mirando Chernobyl me preguntaba: ¿Por qué todo es gris en la URSS? ¿Por qué toda su gente es abnegada, sufrida, triste? ¿Nadie era feliz allí? Todas estas preguntas se responden con el sentido común: nada era así en su totalidad, obviamente, pero Hollywood hizo que lo viéramos así tras décadas de ficciones ambientadas de ese lado del mundo (en todo sentido). Evidentemente, para el liberalismo el color está asociado a la libertad individual (la libertad del dinero) y no a la creencia en un ideal, en la cooperación y en el heroísmo colectivo. Alguien podrá decir que la austeridad y la precariedad nunca pueden ser alegres o coloridas y podríamos refutarle con muchas ficciones, en general británicas, en donde la clase trabajadora convive con su pobreza con alegría: Billy Elliot, The Full Monty, The Commitments por citar sólo algunas. En todas ellas también aparece la música en primer lugar y eso es otra cosa de la que los soviéticos estaban privados según la mirada hollywoodense.

Amén de todo lo dicho, es verdad que el problema narrado (la explosión de la planta de energía nuclear de Chernobyl) encaja perfecto con esa atmósfera y especialmente con todo el accionar anterior y ulterior a la explosión. Hombres y mujeres sacrificándose por la salvación material y simbólica de su gobierno, la soledad de los disidentes, el dilema moral de quienes pueden tomar decisiones. Quizás en esta fusión perfecta es que podemos encontrar la fórmula del éxito de la serie aunque siempre queda el anhelo de poder escuchar estas historias contadas por sus protagonistas y no por sus enemigos.

Por Martín Miguel Pereira

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Un comentario
  1. Daniel Dice

    Muy buena nota, gracias Martín Miguel Pereira por ponerle un poco de lucidez al desbocado entusiasmo por esta miniserie (que en mi opinión es mediocre, no sólo ideológicamente) y por la muy atinada observación acerca de las estéticas que EE.UU. impone para hablar de territorios que son para ellos extranjeros, y para asignarle a cada territorio un verosímil visual y sonoro propios.

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