Crítica: Astrogauchos (2019), de Matías Szulanski

Astrogauchos (Argentina – 2019)

Dirección, Guion y Edición: Matías Szulanski / Fotografía: Sebastián Ferrari / Música: Carlos Páez / Dirección de arte: Sandra Iurcovich / Sonido: Juan Silva, Pablo Ísola / Intérpretes: Ezequiel Tronconi, Laura Laprida, Alberto Suárez, María Eugenia Rigón, Alejandro Jovic, Débora Nishimoto, Verónica Intile / Duración: 78 minutos.

Astrogauchos es uno de los estrenos nacionales de la semana dirigido por Matías Szulanski, quien apuesta a salir del patrón del cine costumbrista y autóctono hacia un a narrativa artificiosa que busca un lugar entre la comedia absurda y la tragedia de un antihéroe de manual. Para arribar a este discurso de artificios se apoya en una escenografía y un vestuario estridentes, de un retro pop algo obvio, una iluminación colorida y anti naturalista técnicamente solvente pero muy poco atractiva y un manejo de la cámara con marcados zoom in y encuadres de estilo setentosos sumados a un montaje con cortes duros y saltos temporo espaciales remarcados.

Toda esta batería de recursos avanza sostenida por una trama alocada pero con intenciones simbólicas y un estilo distintivo en la actuación que en pos de alejarse de los lugares realistas se queda suspendida en el país de lo inverosímil.

La trama propone con ingenio, aún con sus escasos logros narrativos arriesga una idea que en el marco político elegido, Argentina 1966 – plena guerra fría, podría haber dado como resultado una propuesta mucho más jugosa. El caso es que nuestro antihéroe protagónico, Ezequiel Tronconi, encarna el papel de un joven científico que diseña un plan espacial para llegar a la luna en un dispositivo que el mismo ha diseñado y es toda su obsesión. Manipulado por un contexto opresor y burocrático, en pleno gobierno de Onganía, sus intentos de llegar a buen puerto parecen cada vez más inviables y utópicos. A todo esto para que su condición de anti héroe no sea poca cosa, su mujer lo engaña sin pruritos tratándolo como a un pobre tipo, sus colegas y conocidos lo bastardean, lo traicionan o lo estafan de alguna forma. Y el plan del científico se hace cada vez más inalcanzable, cada vez más lejos de la luna.

El disparador del filme como núcleo simbólico es atractivo, una utopía en el espacio planteada en el marco de un gobierno militar y de un mundo en plena lucha de poder territorial, plataforma que da para varias líneas de desarrollo que en el filme se asoman pero no se cristalizan. Volver a mirar esa etapa de la historia argentina a través de un género y un estilo no realistas es festejable por el riesgo mismo que eso conlleva, aún cuando en el intento haya muchos desaciertos o titubeos que dejan a la película en un camino impreciso.

Si la intención de sostener este relato está focalizada en el uso de la cámara, la iluminación o el arte, por separado nos pueden parecer prolijos o correctos pero no hay sinergia que los ensamble. Un área casi vacía de trabajo estético es el sonido que no tiene un elaborado modelo de capas y texturas que puedan armar un buen clima audiovisual. La dirección de actores es una arista de notoria desventura, donde vemos a un Tronconi que conocemos por su capacidad compositiva y que aquí no luce nada de sus dotes actorales.

Una ucronía con aspiraciones arriesgadas pero con muchos desaciertos. Ojalá aún con estos duros embates, estos intentos abran la puerta a revisar nuestra historia sociopolítica desde nuevos ámbitos y nuevos géneros que nos permitan repensar el cine y nuestro pasado a través de nuevas miradas.

Por Victoria Leven
@LevenVictoria

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