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TV: Crítica de “Vis a Vis”

Vis a Vis (España – 2015/16)

Creadores: Esther Martínez Lobato, Iván Escobar, Álex Pina, Daniel Écija / Producción: Jesús Colmenar, Álex Pina, Arantxa Écija, Daniel Écija / Intérpretes: Maggie Civantos, Najwa Nimri, Roberto Enríquez, Cristina Plazas, Inma Cuevas, Carlos Hipólito, Alba Flores, Marta Aledo / Compañía productora: Globomedia / Episodios: 24 (2 temporadas) / Cadena original: Antena 3 / Distribución en Latinoamérica: Netflix / Atreseries Internacional.

LA JAULA NO ES TAN SÓLO ESTA PARED

El drama carcelario ha sido representado en la ficción como una oposición entre un adentro opresivo y ocupa la casi totalidad del relato en oposición a un afuera sino idílico, por lo menos en claro contraste. El mismo título de la serie nos anticipa una nueva mirada, otro punto de vista: “Vis a Vis” es el nombre de las visitas en un cuarto privado que generalmente se utilizan para el acto sexual. Es el encuentro entre los dos mundos, pero el intercambio que se da allí excede lo sexual pues será escenario también de tráfico de drogas y de distintas negociaciones.

Durante toda la primera temporada, a través del montaje alterno, principal pero no exclusivamente, asistimos a un mundo dual donde adentro y afuera son dos caras de una cinta de moebius, entrelazada e infinita, mostrándonos siempre una cara distinta. Hay una continuidad entre esos dos mundos haciendo ver a la cárcel como una situación apenas azarosa y circunstancial. Todos podrían estar presos y todos podrían estar libres. La justicia es una cuestión de suerte o manejo de influencias.

Hay algo llamativo que refuerza esta cuestión: no hay en la primera temporada ningún plano en donde los personajes miren hacia el exterior con añoranza. Se habla de la libertad, pero no se refleja en imágenes. Incluso, hay muy pocos diálogos que hagan referencia a ello o a la vida pasada. Sólo Zulema y Macarena tienen en su mente la idea de la libertad y obran para conseguirla. Las demás, hasta parecen estar más cómodas allí (Anabel con sus negocios) o por lo menos resguardadas de los males del afuera (Tere y Sole, por ejemplo).

En su segunda temporada esas ideas narrativas y de puesta en escena empiezan a mostrar grietas. El adentro se vuelve más pregnante, las salidas (con fugas grandes y pequeñas incluidas)  más frecuentes, aparece un elemento alegórico de la libertad (la paloma “mula”) y un plano simbólico de la liberación (cuando Macarena suelta la reja de la puerta de la cárcel supuestamente por última vez). El afuera se termina desdibujando, en concordancia a la realidad de Macarena, cada vez más inmersa en la cárcel y con más años de condena, pero en oposición a sus esperanzas de salir, cada vez más cerca a su entender.

A finales de la segunda temporada, la cadena Antena 3 les comunicó a los creadores de la serie que aquella sería la final por cuestiones de audiencia. Esa decisión rompe la narración, pues se fueron abriendo historias durante todos estos capítulos como para que la ficción continúe en el tiempo y, de repente, debieron cerrarse sin la clausura narrativa necesaria. Aunque los creadores comentaron que sólo debieron cambiar un 2% del último capítulo debido a esta coyuntura, se hacen evidentes las dificultades que generó este fin prematuro. Hay personajes olvidados, como Palacios, y otros cuyo final se tiñe de un conformismo incompatible con sus arcos dramáticos (Zarai y la propia Macarena). Un final que, con happy ending aleccionador termina desdibujando una apuesta muy osada y de calidad tan poco común en la televisión española.

Por Martín Miguel Pereira
redaccion@cineramaplus.com.ar

 

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