Filmoteca en Vivo: Misterios de la Filmoteca

Este fin de semana FILMOTECA EN VIVO presenta, gratis y en fílmico, en la sala de la ENERC (Moreno 1199, Buenos Aires) un ciclo denominado Misterios de la Filmoteca, Grandes films que no conoce nadie.

PROGRAMA

Viernes 30 de junio
23hs. EL CAPITÁN ODIA EL MAR (The Captain Hates the Sea, EUA-1934) dir. Lewis Milestone, c/John Gilbert, Victor McLaglen, Walter Connolly, Alison Skipworth, Akim Tamiroff, Los Tres Chiflados. 92’.
Varias historias paralelas confluyen en un barco de pasajeros, un poco al estilo de la serie El crucero del amor, aunque en aquel momento el obvio referente era el filme Gran Hotel (1932). Todos los personajes son igualmente importantes y el tono oscila entre el drama y la comedia, con una indecisión que es deliberada. Fue el último filme de John Gilbert, que había sido una superestrella durante el período mudo (ver El capitán pirata) y luego cayó en desgracia tras la llegada del sonoro. Gilbert bebió literalmente hasta morirse en 1936, por lo que resulta una ironía trágica que su personaje aquí sea el de un escritor alcohólico que emprende el viaje para apartarse –sin éxito– de la bebida.

Sábado 1 de julio
19hs. EL ETERNO PRETENDIENTE (Once Upon a Time, EUA-1944) de Alexander Hall, c/Cary Grant, Janet Blair, James Gleason, Ted Donaldson, Art Baker. 89’.
Un niño descubre una oruga que baila cuando escucha una melodía en armónica y un empresario cree ver en ello la solución para sus problemas económicos. En pocas horas la oruga bailarina se transforma en una insólita celebridad nacional y el filme se revela como una sátira del sensacionalismo comercial norteamericano, además de tratarse de una de las comedias más extrañas del período. Walt Disney prestó una curiosa colaboración al filme, pese a que no pertenecía a su propio estudio o a la RKO, que entonces distribuía su obra. El título en castellano no tiene ninguna relación con el tema del filme y además oculta su condición de fábula, que era explícita en el original.

Domingo 2 de julio
17hs. DEL PARAÍSO AL INFIERNO (Crowded Paradise, EUA-1956) de Fred Pressburger, c/Hume Cronyn, Nancy Kelly, Mario Alcalde, Frank Silvera, David Opatoshu. 94’.
En 1956 filmar fuera de la orbita de los grandes estudios era excepcional, pero resultaba un buen refugio para artistas y técnicos que se veían sospechados de conspiradores por sus simpatías de izquierda. Así se realizo Del paraíso al infierno, un curioso drama de ambientación semidocumental, que fue la única película de Pressburger, asistente de Fritz Lang y Josef von Sternberg. Describe las tensiones raciales que complican la vida de un joven portorriqueno cuando se traslada a vivir a Nueva York y fue uno de los primeros filmes norteamericanos en tratar semejante tema. La excelente fotografía fue obra de Boris Kaufman, colaborador de Jean Vigo y hermano del legendario Dziga Vertov.

19hs. DONDE COMIENZAN LOS PANTANOS (Argentina, 1952), de Antonio Ber Ciani, c/Eloy Alvarez, Santiago Ayala, Adriana Benetti, Mario Cozza. 94′.
Si buena parte de lo que hizo grande al cine americano clásico fue el uso dramático de los paisajes, hay que decir que el cine nacional carece de una tradición similar, salvo en algunos casos puntuales (de Besos brujos a Las aguas bajan turbias o de La tentación desnuda a Sudeste) en los que ha sabido aprovechar el valor visual y aventurero de las riberas de los ríos o el exuberante verdor de las islas del delta. La película de Ber Ciani (asistente de José A. Ferreyra) con guión de César Tiempo cuenta la historia de un grupo de hombres que se internan en pajonales pantanosos para cazar nutrias y de la pareja que se les une (compuesta por la italiana Adriana Benetti y el cantor de tangos Alberto Muñoz) en esa vida nómada. El filme sorprende por su agilidad visual, el organizado movimiento de los personajes dentro del cuadro, la precisa duración de los planos, un montaje dinámico y el expresivo uso de los exteriores. Texto de Marcos Vieytes.

21hs. EL DESTINO ME CONDENA (Edge of Doom, EUA-1950) de Mark Robson, c/Dana Andrews, Farley Granger, Joan Evans, Robert Keith, Paul Stewart, Mala Powers. 99’. Doblada al castellano.
Un joven abrumado por vivir en la miseria se quiebra tras la muerte de su madre, asesina a un sacerdote y emprende un recorrido enloquecido por las calles de la ciudad. Este debió ser uno de los filmes más negros de todo el ciclo policial norteamericano, pero, tras un preestreno desastroso, el productor Sam Goldwyn decidió atemperarlo con un prólogo, un epílogo y una (muy moderada) historia de amor. El resultado sigue siendo fascinante no sólo como un ejemplo de lo que podía pasar en Hollywood con una novela de intención social, sino también porque las costuras se notan y tras ellas se impone el filme que debió ser. Valga como ejemplo la escena en el subsuelo de la funeraria, que debe contarse entre los momentos más perturbadores del Hollywood clásico.

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