TV: Semana de las directoras soviéticas, en Filmoteca

Esta semana Filmoteca, temas de cine (lunes a viernes en la trasnoche de la Televisión Pública Argentina) indagará sobre una faceta del cine poco difundida dedicándole una semana a las directoras soviéticas.

Las mujeres directoras han sido escasas en buena parte de la historia del cine, sobre todo en sus primeros años. A las mujeres siempre les costó acceder a ese puesto en Hollywood y en el cine occidental en general; en la Unión Soviética no les sería más sencillo. A pesar de que el discurso oficial se jactaba de dar un lugar protagónico a la mujer, en la práctica reproducía el mismo machismo que podía observarse en otras cinamatografías.

Un puñado de directoras debieron trabajar en condiciones difíciles y le pusieron el hombro a la épica revolucionaria. Olga Preobrazhenskaya, Yuliya Solntseva, Tatiana Lioznova, Irina Poplavaskaya y Kira Muratova fueron cinco mujeres que ocuparon la silla de directoras, algunas en el periodo mudo cuando la Revolución era joven, otras en el periodo de deshielo que siguió a la muerte de Stalin y otras en los años previos a la caída del comunismo y la disolución de la Unión Sovietica. Fueron pioneras talentosas que dejaron una obra poco conocida pero valiosa, que merece revisarse y redescubrirse. Por eso, Filmoteca presenta su obra, entre el fervor revolucionario y el empoderamiento femenino.

PROGRAMACIÓN

Lunes:

La última atracción (1929), de Olga Preobrazhenskaya e Iván Pravov; con Ivan Bykov, Yelena Maksimova y Raisa.
Guerra Civil Rusa. Por los montañosos caminos del Cáucaso se desplaza un teatro de feria ambulante. Klim Visloguby es el director de la pequeña compañía de artistas que integran su propia esposa, la bailarina Polly; los funambulistas Serge y Masha; y Vanychka, un antiguo cerrajero que ahora oficia de forzudo. En plena contienda el teatrillo de Visloguby hace representaciones tanto para rojos como para blancos, sin manifestar ninguna tendencia política. En Kubán se presentarán frente a un numeroso público a cambio de algo de comida. Entre los asistentes está el comisario político Kurapov, que tiene grandes dificultades para arengar a los cosacos a que se unan a las fuerzas revolucionarias. Él quedará asombrado por el efecto que el número principal tiene sobre el público.

Martes:

Lo inolvidable (1967), de Yuliya Solntseva; con Yevgeni Bondarenko, Yuri Fisenko, Irina Korotkova, Janis Melderis y Sergei Plotnikov.
Los vientos de la guerra dispersan por todo el mundo a los miembros de la familia de Petro Chaban. Los hijos están luchando en el frente, la hija ha sido llevada a la fuerza como una esclava a trabajar a Alemania, la esposa Tatiana murió ahorcada por los nazis por dar cobijo a pilotos rusos heridos. El propio Petro, como el resto del pueblo ucraniano, ha tenido que vivir incontables horrores durante la guerra.

Miércoles:

La calle de los tres álamos (1967), de Tatiana Lioznova; con Atyana Doronina, Oleg Efremov, Vyacheslav Shalevich y Alevtina Rumyantseva.
Una mujer del interior profundo de la Unión Soviética llega a Moscú. La primera persona a la que conoce es a un taxista inteligente. Ellos se encuentran por casualidad… las horas que pasan juntos son suficientes para que ella pueda hacer una mirada introspectiva sobre su propia vida.

Jueves:

Yamila (1969), de Irina Poplavskaya y Sergei Yutkevich; con Natalya Arinbasarova, Suymenkul Chokmorov y Altynbek Kenzhekov.
Djamila vive en un pueblo de Kirguistán. Siguiendo las órdenes de sus padres, se casa con un hombre al que no ama. A continuación estalla la Segunda Guerra Mundial y su flamante marido tiene que ir a combatir. Estando sola, Djamila se encuentra con Daniyar, un soldado que vuelve de la guerra, y se enamora de él.

Viernes:

El síndrome asténico (1989), de Kira Muratova; con Olga Antonova, Viktor Aristov, Sergei Popov, Natalia Buzko y Alexandra Svenskaya.
Esta fue la única película prohibida por la Perestroika y, para muchos, la que mejor captó el espíritu de la época. Relata en primer lugar, el duelo de una mujer que ha perdido a su marido. Asistimos a la exteriorización de su congoja, para que, de repente, todo cambie. Cambia la emulsión de la película, y cambia el protagonista, que pasa a ser un hombre que padece narcolepsia (el síndrome asténico del título) y que tejerá la historia a través de la gente que conoce en el instituto en el que trabaja (administrativos, profesores y alumnos), el hilo conductor de una narración que es más colectiva que meramente individual.

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