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TV: Crítica de “Un gallo para Esculapio”

Un gallo para Esculapio (Argentina – 2017)
Temporada 1

Creadores: Bruno Stagnaro y Sebastián Ortega / Producción: Sebastián Ortega / Autores: Bruno Stagnaro y Ariel Staltari / Intérpretes: Luis Brandoni, Peter Lanzani, Luis Luque, Julieta Ortega, Ariel Staltari, Eleonora Wexler, Andrea Rincón, Ricardo Merkin, Cecilia Rossetto, Carla Pandolfi / Compañías productoras: Underground Producciones & Boga Bogagna, con el apoyo del INCAA / Episodios: 9 / Cadenas originales: Cablevisión, TNT y Telefe / Distribución en Latinoamérica: TNT, Monte Carlo TV (Uruguay).

EN LOS MÁRGENES

Si hay algún director que sabe cómo filmar la marginalidad, el bajo mundo, es Bruno Stagnaro. Luego de la sorpresa que generó “Okupas” (tan asombrosa y realista como lo fuera “Pizza, Birra y Faso“) y de haber trabajado mayormente por encargo, este proyecto parece hecho a su medida. A diferencia de la serie que generó tanta repercusión en el 2000, aquí hay un gran elenco lleno de actores reconocidos. Esto, que para cualquier director sería un plus, ayudándole en su trabajo de crear un universo más verosímil, parece ser una desventaja para él, casi una imposición. Con la clara excepción de Peter Lanzani, despuntando como EL actor del presente y el futuro, la serie parece funcionar mejor cuanto menos cartel hay entre los actores. Esa fue una de las características que hicieron sobresalir a Stagnaro en sus dos grandes obras anteriores: la capacidad de encontrar personajes increíbles, distintos, irrepetibles en no actores o actores casi desconocidos –difícil encontrar en la televisión argentina un “malo” que diera tanto miedo como “El Negro Pablo”.

Peter Lanzani es Nelson, un misionero que llega a Buenos Aires en busca de su hermano y con un gallo de riña. La imposibilidad de encontrarlo y su búsqueda determinará la acción de los primeros capítulos. Ese periplo lo llevará a conocer a los demás personajes de la trama: la mujer de su hermano, el Esculapio del título y toda su banda. Por momentos la serie entra en el subgénero “aprendizaje del crimen” mezclando en su trama las cuestiones de la familia, el ascenso y la caída, la lealtad y la traición.

El submundo de la riña de gallos y los negocios espurios en el Mercado Central están narrados con tal detalle que nos hace creer que el director los conoce al dedillo o bien que es un magnífico narrador que crea mundos propios. En ambos casos, el producto es formidable. Ese submundo, como ya hemos dicho, es representado mucho mejor cuando quienes lo habitan no son las estrellas que conocemos, pues esos personajes marginales parecen estar filmados de manera documental, en su ambiente, donde se mueven con naturalidad. Las estrellas son extranjeras en este territorio y se nota mucho. De todas formas, en el caso de Luis Brandoni y Luis Luque, sus performances mejoran con el correr de la serie, pero otras, como la de Julieta Ortega, no encuentran el tono nunca. François Truffaut dijo una vez que ya no se puede hablar de “actuación” sino de “dirección de actores”. En ese caso, la culpa es de Stagnaro o de los productores que lo instaron a utilizar actores de renombre.

Un gallo para Esculapio” es, finalmente, una historia cíclica, no de auge y caída (aunque por momentos lo parece) pues Nelson llegará con casi nada y terminará de la misma manera, aunque con una experiencia que puede llegar a valer su peso en oro en el futuro.

Por Martín Miguel Pereira

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