TV: Crítica de “Ray Donovan”

Ray Donovan (Estados Unidos – 2013/Actualidad)

Creador: Ann Biderman / Producción: John H. Radulovic, Brett Johnson, Liev Schreiber, Jason Weinberg, Jason Weinberg, Allen Coulter / Intérpretes: Liev Schreiber, Paula Malcomson, Eddie Marsan, Dash Mihok, Jon Voight, Kerris Dorsey, Elliott Gould, Katherine Moennig / Compañías productoras: The Mark Gordon Company / Episodios: 48 (cuatro temporadas) / Cadena original: Showtime / Distribución en Latinoamérica: Netflix.

LOS MACHOS

El de Ray Donovan es un mundo de hombres. Pero cuando decimos “hombres”, no nos referimos al género en su totalidad, sino a una idea particular de masculinidad. A partir de ello podríamos dividir a los personajes masculinos de la serie entre los “hombres” y los que no dan la talla para ello. No hace falta que hagamos una tabla de doble entrada con los personajes, cualquiera puede notarlo con sólo ver un par de capítulos. Esa hombría se resuelve mediante lo sexual y la capacidad de “cuidar” de los suyos, primando lo sexual a la hora de definirlos. El abuso infantil define el destino de los tres hermanos Donovan, pero su reacción ante aquel hecho define la relación del padre con sus hijos.

Que el sexo simboliza al poder es, a esta altura, una verdad de perogrullo, pero en Ray Donovan es una verdad tan fuerte que eclipsa cualquier otro componente psicológico de los habitantes de ese mundo. Y como el sexo es poder, también es violencia. El abuso dentro de la pareja es una problemática que, si bien no está presentada (ni esbozada) en el primer capítulo, irá definiendo una dinámica en donde el sexo se entremezcla con el dinero no sólo asociado a la prostitución.

Ray Donovan (personaje) no piensa mucho, casi lo mínimo necesario. Pero su ventaja en ese mundo donde la testosterona desborda el vaso constantemente es que piensa un poquito más que los “machos” con los que trata. La mayoría de las mujeres tampoco piensan. Hay una mirada fuertemente machista sobre ellas. Son objetos sexuales o decorativos, necesarios para mantener las estructuras familiares.  Los hombres aportan los músculos y el dinero, las mujeres sus cuerpos. Todo ello queda condensado en una escena significativa de la segunda temporada: Ray invita a su mujer a verse en una casa en venta con la que ella sueña, le informa que la va a comprar y ella, como “agradecimiento”, le practica sexo oral (la única vez en toda la serie).

En un plano opuesto a este mundo se encuentra la hija de Ray, Bridget. Es una especie de Lisa Simpson de la familia. Piensa, lee, tiene cultura y se lo hace notar constantemente a su hermano y su madre principalmente. Pero no sólo ello la distingue. Ella es dueña de su cuerpo. Rechaza tener sexo forzadamente, decide cuándo hacerlo, no se obnubila por el dinero o el poder. Hasta se coloca un piercing ignorando las reglas y prerrogativas familiares: Su padre, Ray, no quiere; su madre sí, pero bajo su supervisión. Ella desconoce a ambos y lo hace a su manera.

La serie está plagada de actores de cine, de los famosos y otros grandes secundarios. En ellos descansa parte de la intensidad dramática, en sus performance. De entre todos ellos destacan John Voight y Elliott Gould. Voight construye un personaje particularmente rico: un irlandés blanco, racista y delincuente de Boston que termina encontrando su gran amor en una mujer negra. Un delincuente que no respetó códigos pero que cayó en prisión embaucado por su propio hijo. Tan encantador y carismático como timador, Mickey, con su sola presencia, hace mover toda la trama. Su vida fluctúa entre la lealtad y el amor por sus hijos y el egoísmo más puro.

Ezra (Gould), por su lado, parece un personaje salido de una película de Woody Allen: neurótico, dubitativo, culposo y atado al pasado. Utiliza a su difunta esposa para justificar su accionar criminal presente y pasado. Aunque sobre el pasado carga también con la culpa. Es el poder en las sombras. Es el cerebro cuyo brazo armado es Ray, aunque este brazo intente rebelarse y lograr autonomía. Su accionar impredecible aporta una fuerte cuota de suspenso a la trama.

El universo masculino en su totalidad viene desmoronándose poco a poco, como lo han sabido interpretar Matthew Weiner con Mad Men o Allan Cubitt con The Fall (incluso en The Walking Dead). Pero a diferencia de esos casos, no hay en esta serie un universo femenino emergente e insurgente. De esa manera, Ray Donovan es el canto de cisne de un mundo heteronormativo en extinción.

Por Martín Miguel Pereira
redaccion@cineramaplus.com.ar

 

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