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Crítica: Paula (2016), de Christian Schwochow

Paula (Alemania / Francia – 2016)

Dirección: Christian Schwochow / Guion: Stefan Kolditz y Stephan Suschke / Fotografía: Frank Lamm / Edición: Jens Klüber / Intérpretes: Carla Juri, Albrecht Schuch, Roxane Duran, Joel Basman / Duración: 123 minutos.

IRREVERENCIA FEMENINA

“Hablemos de un plan y no sólo de una aventura. Tenés 24 años y no podés vivir sólo el momento”. Las palabras del padre al inicio de la película dan cuenta del espíritu de Paula Becker: independiente, decidido, rebelde, audaz, innovador, libre y en la búsqueda de su propia identidad artística; un espíritu que desafía los presupuestos machistas y esquemáticos de un mundo donde las mujeres deben casarse y pintar si a los maridos no les molesta o limitarse a concebir hijos como única posibilidad creativa; mientras que en el campo artístico son menospreciadas, necesitan tener dinero para afrontar los gastos de los estudios y realizan tareas menores. Incluso, Becker tiene que lidiar con Fritz Mackensen, un mentor que sólo valida la representación de la realidad tal cual es y califica al resto como garabatos de aficionado.

Frente a este universo resistente a su técnica y percepción de las cosas, la joven alemana se apoyará en tres personas que conoce en la colonia de artistas de Worpswede: la escultora Clara Westhoff, quien también busca demostrar su genio creador; el poeta Rainer María Rilke, uno de los pocos que cree en ella y compra algunas de las obras y Otto Modersohn, también pintor y futuro marido. La relación de Becker con cada uno de ellos irá mutando entre la complicidad, el entusiasmo, el disgusto y la irritación, sobre todo, durante su estadía en París.

El director Christian Schwochow trabaja las diferentes referencias de la artista en conjunto con la puesta en escena del filme. Al comienzo se perciben numerosos resabios del romanticismo, en particular en la escena del bosque envuelto en niebla, mientras que a medida que avanza el metraje se manifiesta otra paleta de colores, tal vez, más ligada al impresionismo como el momento en el que está en el bote, hay espacios más abiertos y luminosos. De la misma manera, el director evidencia las transformaciones en su bastidor alentadas por nuevos estudios y el reconocimiento de algunos artistas en el viaje a París.

Otro tema significativo en Paula es la maternidad. Durante la estadía en Worpswede, la joven le confiesa a Westhoff que desea realizar tres cuadros importantes y tener un hijo. Este anhelo pronto se torna en un conflicto matrimonial debido a la falta de relaciones sexuales y, por ende, la imposibilidad de quedar embarazada. Si bien es una de las razones por las que Becker emprende la travesía, también le otorga más libertad a la hora de convivir y mostrarse en la ciudad bohemia, pero al mismo tiempo se perpetúa como una esperanza latente. La prueba de ello es el cuadro Autorretrato en el sexto aniversario de boda, donde luce una postura de embarazo, aunque no sea tal.

Después de tanto luchar para generar una voz propia en el circuito artístico y sin poder ver los resultados por una temprana muerte a los 31 años, el museo Paula Modersohn- Becker fue el primero en el mundo en dedicarse a la obra de una mujer. No fueron tres cuadros y un hijo, sino alrededor de 750 lienzos, más de mil dibujos y una hija; un plan superador.

Por Brenda Caletti
@117Brenn

 

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