Crítica: No soy tu mami (2019), de Marcos Carnevale

No soy tu mami (Argentina – 2019)

Director: Marcos Carnevale / Guion: Nicolás Allegro, Marcos Carnevale, Florencia Colacito, Celina Font / Producción: Axel Kuschevatzky, Ignacio Rey, Mariana Secco / Música: Fabio Góes / Fotografía: Horacio Maira / Montaje: Luis Barros, Ana Paula Torrens / Intérpretes: Julieta Díaz, Pablo Echarri, Luly Drozdek, Sebastián Wainraich, Celina Font, Marina Glezer, Christian Sancho, Magela Zanotta / Duración: 108 minutos.

PERPETUO NO SER

En plena búsqueda del goce, del amor propio, de la autonomía de los cuerpos, de la hermandad entre mujeres, del quiebre de los parámetros de belleza o género, del cese de los tabúes por la masturbación y del hartazgo frente a toda clase de abusos, la maternidad se instaló como uno de los grandes temas de debate social. ¿Cuántas formas existen para ejercerla? ¿Cómo se constituyen las familias ahora? ¿Qué rol ocupan el desarrollo personal y el reloj biológico? Un abanico de posiciones, creencias y metodologías sostenido en los deseos singulares en lugar de los mandatos preestablecidos. La última película de Marcos Carnevale parece congeniar con ello a través de una protagonista decidida a no ser madre ni a perder su independencia o estilo de vida. Pero, pocos minutos más tarde, pierde cualquier matiz diferencial para desnudar una inexistente actualización discursiva contraria a la lógica inicial. No se trata de una propuesta renovada que dialoga dentro y fuera de la pantalla, sino una serie de postulados sin acervo ni profundización que terminan reafirmando los modelos tan arraigados que “pretende extirpar”.

Desde el marco general, el primer inconveniente surge al inicio de No soy tu mami cuando Antonia le comenta a su socia Paula que la revista no se está vendiendo y les exigieron un cambio de perspectiva “femenina” con un primer sumario con posibles notas tales como depilación realmente definitiva, trenzas según los signos y una nueva práctica de cocina y cama. Si bien los gestos de ambas dan cuenta de la banalidad de las opciones queda al descubierto un pensamiento popularizado: lo femenino debe ser superficial y vacío. ¿Por qué no se lo puede pensar desde el contenido, la exploración y el cuestionamiento? ¿Por qué se instaura, por ejemplo, que las lectoras no se sienten interpeladas por artículos de política, economía, cultura o arte, temáticas que las atraviesan como seres sociales? ¿De qué manera notas sobre tipos de peinados puede funcionar en un contexto donde las mujeres luchan por derechos y espacios laborales entre otras cosas? Sobre todo en una revista que funciona como lugar de divulgación y que, como ellas mismas aseveran, está compuesta en su mayoría por mujeres con intereses, opiniones y análisis. Bajo esa idea aceptada también por las dos de lo femenino como algo frívolo y minimizado en su máxima expresión, Paula propone una columna sobre las razones para no ser madre que se convierte en un éxito y Antonia le sugiere el seudónimo de Juana de Arco, como una suerte de líder de una voz apagada. Sin embargo, el discurso vuelve a pecar de ingenuo porque sólo importan los “me gusta”, los seguidores, los feedback en redes sociales y las réplicas en otros medios como la misma pantalla manifiesta con emojis, recortes de comentarios o de programas radiales en lugar de enfocarse en lo escrito por la periodista que queda oculto o en breves monólogos interiores casi imperceptibles.

Tampoco utilizan a su favor al grupo de madres del jardín plasmado desde toda clase de estereotipos desde la personal trainer que vendía juguetes sexuales y puede hablar libremente de sexo, la histérica que vive sin tiempo detrás del hijo, la chismosa y la que está orgullosa de ser ama de casa pero que se avergüenza de haber dicho que extraña una mañana de sexo o se escandaliza porque Rocío, la nueva nena, vaya despeinada o tenga una cucaracha de mascota. El grupo de chat y el pool de los chicos también entran en este juego sin aportar al relato. Este año se publicó What’s up mamis, último libro de la guionista y autora Erika Halvorsen que trabaja la construcción de red entre Paloma, Majo, Vicky y Soledad, integrantes de un chat disidente de mamis que viajan a Uruguay para salvar a una de ellas que fue engañada por el marido. Al igual que en la película, una vende vibradores y asesora respecto al autoplacer y otra es envidiada por el aspecto físico y la ropa de marca pero se diferencian sustancialmente en la manera de percibirse y desempeñarse. Mientras que en el libro se articula un doble accionar complementario entre el autodescubrimiento y el desarrollo de la comunidad donde ellas son por sí mismas en vez de definirse por los roles o maridos y actúan en pos de los deseos, decisiones, el placer, el reconocimiento y la libertad, en el filme no importa la unidad ni el acompañamiento, sino que son singularidades reducidas a los hijos y al trabajo que lleva criarlos. No importan las carreras, los anhelos, los cuerpos anestesiados, todo se resume a cumplir con la “responsabilidad ininterrumpida” luego de pocos minutos de disfrute sexual.

Mientras que en el plano íntimo, Paula parece perderse en sus convicciones. La escena más interesante es aquella donde le grita a la hermana que está cansada de explicarle a ella y a todo el mundo por qué no tiene una pareja estable, vive de cierta forma y no le interesa ser madre. Pero enseguida se extingue como la defensa hacia Rocío durante el cumpleaños o algunos gestos aislados. En lugar de actuar como puntapié para el diálogo o como una de las tantas alternativas posibles, ella empieza a dudar de sí misma a partir de la llegada de Rafael y la hija, como si el chispazo y los nuevos lazos borraran de una vez su esencia y emergiera, de golpe, la ausencia de motivaciones e ideales. Ni siquiera, el director trabaja las incertidumbres y los repentinos conflictos internos que atraviesa, desdibujándola hasta el remate del discurso final donde acepta los prejuicios que tiene y pide el mismo trato. Una confesión sin sentido que devora tanto a la protagonista como al relato en pos de repetir recetas ya conocidas.

Cabe destacar la picardía y el encanto de la nena que funciona muy bien en las escenas que comparte con el padre y articula a los personajes secundarios como Mollo, los compañeros del jardín, las madres, el amigo del padre y la madre que vive en Finlandia que, de lo contrario, quedan desconectados y accesorios a Paula y Rafael.

No soy tu mami peca por tratar de quedar bien con todas las posturas sin conseguirlo. Frente a una primera invitación para pensar otras miradas y elecciones respecto a la maternidad desvirtúa, en principio, el universo femenino tratándolo de superficial y minimiza sus intereses, exploraciones, denuncias y problemáticas. Después transforma a la exponente de dicho cambio en alguien deslucido, sin juicio ni deseos propios que se encuentra ajena entre ambas posturas hasta situarla en la comodidad de los mandatos sociales y una tibieza de carácter respecto a los exabruptos del comienzo. Un relato que prometía apertura, contemporaneidad y diferencia pero no quiso escapar a la fórmula efectiva de trenzas según el horóscopo.

Por Brenda Caletti
@117Brenn

40%
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Un comentario
  1. Gimena Dice

    Vengo del cine de verla. Y llegué a tu artículo buscando encontrar palabras a mis pensamientos y acá están plasmados perfecto. Excelente.
    La película es un fraude por completo. Es pura publicidad engañosa.

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