Crítica: Infierno en la tormenta (2019), de Alexandre Aja

Infierno en la tormenta / Crawl (Estados Unidos – 2019)

Director: Alexandre Aja / Guion: Michael Rasmussen, Shawn Rasmussen / Producción: Alexandre Aja, Craig Flores, Sam Raimi / Música original: Max Aruj, Steffen Thum / Fotografía: Maxime Alexandre / Montaje: Elliot Greenberg / Intérpretes: Kaya Scodelario, Barry Pepper, Morfydd Clark, Ross Anderson, Ami Metcalf, Jose Palma, Annamaria Serda / Duración: 87 minutos.

A los 25 años Alexander Aja estrenaba Alta tensión (2003), un filme que además de tener el voltaje necesario para destacarse entre las filas de los serial killers, se benefició enormemente por ser incluida bajo el rótulo elástico de lo que se conoció como New French Extremist, una vertiente del terror más humana y terrenal que renovaba el género a fuerza de caudales de sangre, sexo, mutilaciones, flagelaciones y violencia en primer plano. Con un pasaje sin vuelta a Hollywod, el director francés a los tres años ya estaba realizando El despertar del diablo (2006), remake del clásico de Wes Craven The Hills Have Eyes, oportunidad que le permitió desarrollar una carrera irregular pero competente en el circuito mainstream, al punto tal que hoy puede apoyarse en el ala sangrienta de Sam Raimi, cráneo detrás del ícono zombie de The Evil Dead y productor de su más reciente largometraje: Infierno en la tormenta.

No sé cuanto se podría hablar de originalidad en un género tan esquemático y cómodo en sus fórmulas como es hoy el terror, sin embargo, esto no impide celebrar la capacidad que tiene Aja para sacar y mezclar agua de diferentes aljibes -encerrando el cine de catástrofes con el de animales salvajes dentro del sótano de una arquetípica old dark house– todo ello sin perder el cáracter minimalista de la historia, que a fin de cuentas es lo que le otorga efectividad. La premisa es simple: Haley (Kaya Scodelario) es una joven nadadora que al enterarse del pronóstico meteorológico y el plan de evacuación dispuesto por el estado de Florida, decide ir en busca de su padre (Barry Pepper) quien no contesta sus llamados. Para eso conducirá a través de una tormenta que le impide ver más allá del parabrisas, esquivará los controles de evacuación, se meterá en la antigua casa de su infancia para encontrar en el sótano a su progenitor herido por las mandíbulas de un cocodrilo gigante. Ahora sí, encerrados los personajes en la zona de peligro, solo faltan más reptiles, más lluvia y algunas negligencias caprichosas (justificadas por un drama familiar débil y fuera de lugar para ser discutido mientras se hacen torniquetes en los brazos amputados o nadan a contracorriente esquivando pedazos de chatarra) para que la hemoglobina fluya y el agua se vuelva un nuevo tipo de oscuridad.

Hay algo de lo que Infierno en la tormenta sale invicto en comparación a la larga lista de películas en las que el conflicto está dado por la amenaza de X criatura salvaje -subgénero comandado por ese híbrido entre mainstream y clase b que fue Tiburón (1975) de Spielberg y que – y su total ausencia de humor. Un aspecto que Aja incluía y resaltaba en Piranha 3D (2010), la remake thrash de Piraña (1978), y que aquí es depurada por la urgencia que propone la historia, la solidez de los personajes y sobretodo la impecable utilización de imágenes generadas por computadora para la construcción de insaciables cocodrilos; como los huracanes, unos mortales y de nuestro mundo.

Por Felix De Cunto
@felix_decunto

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