Crítica: El Vaticano (2020) de Gonzalo Almeida – FIDBA 2020

El Vaticano (Argentina – 2020)
FIDBA 2020: Competencia Argentina – Premiere Mundial
*Disponible gratuitamente en la Argentina a través de FIDBAPLAY (hasta el 31 de agosto)

Dirección: Gonzalo Almeida / Producción: Fernando Dominguez / Fotografía: Walter Aquiles Carnevale / Montaje: Mario Bocchicchio / Sonido: Julia Castro / Intervienen: Jorge Alberto Gómez, Jorge “Palermo” Córdoba / Duración: 65 minutos.

El Vaticano es el primer largometraje de Gonzalo Almeida, realizado gracias a una beca del INCAA. En este documental asistiremos al día a día de dos hombres que viven al margen de la sociedad refugiados dentro de un edificio en ruinas circundado por un paisaje agreste.

ENCENDER UN FUEGO

Jorge y Palermo son dos homeless, podría decirse, que viven junto a Pirulina, una perra rubia y mansa que acompaña el discurrir de los hombres, en una usina hidráulica, El Vaticano, ahora en ruinas y abandonada. Habitan el espacio teniendo que sortear las dificultades de no tener ni electricidad ni gas. Por eso el fuego, en todas sus variantes, desde la llama menguante de una vela hasta las llamas más flameantes de las fogatas, arderá durante casi todo el relato…

El documental El Vaticano podría verse como un fresco naturalista de la vida de dos hombres marginales que luchan día a día por la supervivencia. Como todo material naturalista muestra procesos. Encender un fuego es uno de ellos. El modo en el que utilizan la parrilla, cómo juntan las ramas y las disponen sobre el fuego para hacerlo arder. Cada acto es llevado con el cuidado y la parsimonia de un ritual. De una ceremonia. Cómo cocinan los alimentos, el modo en el que comen en silencio, cómo se higienizan, cómo hacen las camas, incluso la de la perra Pirulina. La sirena de los barcos, y el sonido del tren, marcarán las horas sin tiempo de los días que transcurren casi con la fijeza de los largos planos secuencia.

Palermo es analfabeto, ha vivido en la calle toda su vida, en cambio, Jorge ha tenido un pasado con trabajo y por eso con mejores condiciones socioeconómicas que le ha permitido acceder a una vida mejor. Rememorará así sus tiempos de esplendor, los años setenta, en los que trabajaba como albañil, y tenía un buen pasar que le permitía ir a cines y a teatros, e incluso acicalar su larga melena con baños de crema. No son casuales referencias literarias y mitológicas que van desde la novela de Hermann Hesse El lobo estepario hasta la mención del caballo alado Pegasus y de la figura mitológica de Ícaro que dejan entrever a las claras ese espíritu de hombres pájaro.

Como en el ya legendario relato de Jack London, Encender un fuego, el protagonista debía mantener ese fuego encendido, porque de ese fuego dependía su vida, para darle calor al cuerpo en medio de la nieve y del frío, y de la humedad del musgo que amenazaba con apagarlo, el hombre luchaba contra el inminente peligro de morir por congelamiento; tanto en aquel relato como en este documental, los protagonistas se abocan a la misma tarea, mantener encendido el fuego, porque será el fuego, en definitiva, el que los aliviará del frío, y les permitirá cocinar la comida del día, el lugar en torno al cual se reunirán para conversar; ya no será la nieve el enemigo que amenace sus vidas, sino el frío de la indiferencia de los habitantes de una ciudad que prefieren no verlos ni asistirlos con el solo fin de relegarlos en los márgenes lejos de la ciudad y fuera de la vista.

Por Gabriela Mársico
@GabrielaMarsico

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