Crítica: El esgrimista (2015), de Klaus Härö

El esgrimista / Miekkailija (Finlandia / Estonia / Alemania – 2015)

Dirección: Klaus Härö / Guión: Anna Heinämaa / Fotografía: Tuomo Hutri / Elenco: Märt Avandi, Lembit Ulfsak, Ursula Ratasepp, Liisa Koppel, Kirill Käro / Duración: 98 minutos.

DISTANCIA HONORABLE

Cabezas gachas, miradas perdidas en el horizonte o rápidos vistazos hacia los costados. En un primer acercamiento, el reducido y silencioso grupo de padres convocados a la reunión se limitan a escuchar las novedades educativas con temor a expresar cualquier pensamiento o creencia. “¿Soy el único que siente que esta reliquia de los tiempos feudales no es muy adecuada para nuestros hijos?” se pregunta el Principal, sin prestar mucha atención al comentario favorable de una de las madres sobre la esgrima y finaliza: “Sugiero que dejemos que el club deportivo continúe pero que en el futuro el camarada Nelis se concentre en los deportes que mejor se adapten al proletariado”.

Pero las primeras impresiones engañan y este grupo lo evidencia cuando, después de la opinión del abuelo de uno de los chicos, se realiza una votación para ver si se mantiene la esgrima como disciplina educativa. Y la aprobación es total.

El finlandés Klaus Härö construye la película a través de fragmentos que atraviesan diferentes grados de tensión sumados a la huella de lo oculto, el misterio que provoca la huida del protagonista de Leningrado hacia el desconocido pueblo de Haapsalu y la constante referencia hacia un pasado compuesto por llamadas telefónicas cuidadas y la investigación del nuevo maestro de deportes.

Un combo fusionado con tres aspectos claves: la historia de vida real del esgrimista Endel Nelis, el contexto histórico situado en la Estonia ocupada primero por los alemanes y luego por la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial y el deporte. Éste último permite el desarrollo de un eje central que no es otro que el vínculo profesor- alumno, distante de cualquier nexo de cariño o admiración y basado puramente en la lealtad; un sentimiento desplegado en numerosos sentidos: la lealtad por el esfuerzo de aprender esgrima, por tratar de seguir el deseo más allá de la voluntad de las autoridades, por intentar sobreponerse a la pérdida de un ser querido, por desafiar al destino, entre otros.

En sintonía con dicha distancia, los paisajes de El esgrimista son solitarios, grandes, poco poblados aún cuando está en escena la gente. Tal vez, se pueda pensar como excepción los momentos de práctica de esgrima, donde los movimientos de pies y manos al unísono de los chicos se sobreponen a lo desértico de los escenarios.

En el techo del Principal resuenan los pasos de los pies que aún no saben desplazarse en silencio. “La gente suele pensar que todo es avanzar y conseguir puntos –explica Nelis– No es eso. La cosa más importante en esgrima es un sentido preciso de la distancia”. ¡En guardia!

Por Brenda Caletti
@117Brenn

 

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