Crítica: Canela (2020), de Cecilia del Valle

Canela (Argentina – 2020)
Estreno exclusivo en el Canal Puentes de Cine de la Asociación de Directores de Cine PCI.

Dirección y producción: Cecilia del Valle / Guion: Cecilia del Valle y Romina Tamburello / Montaje: Veronica Rossi / Dirección de fotografía: Lucas Pérez / Sonido: Santiago Zecca / Música: Juani Favre / Duración: 77 minutos.

PASAJERA EN TRÁNSITO

Una mujer trans, Canela, nace como Ayax Grandi, en Rosario, hace 58 años con la asignación de sexo masculino. El término trans refiere al otro lado, y en esta historia asistiremos, gracias a la dirección de Cecilia del Valle, y al guion que coescribió con Romina Tamburello, al proceso de transición para vivir y habitar un cuerpo y una mente que se encuentra al otro lado del sexo asignado al nacer.

LO IMPOSIBLE SE CONSIGUE EN CUOTAS

Un hombre en términos biológicos puede reconocerse mujer y presentarse o no a la sociedad como mujer. Esto dependerá en gran medida de su entorno familiar, o el representado por los ámbitos en los que circula, ya sean laborales, académicos o sociales, pero en definitiva, dependerá de la persona misma, es decir, de cuán fuerte sea su atadura o no a las normas sociales y a las convenciones impuestas por la sociedad. Y de cuán fuerte sea su deseo o cuánto coraje logre reunir para ser o hacer lo que siempre ha soñado.

Canela es arquitecta y profesora universitaria, ha logrado consolidar con distinta suerte, debido a los avatares de la siempre impredecible economía argentina, la empresa constructora familiar fundada por su abuelo en 1925. Su medio es fuertemente masculino, ya que han sido en su mayoría hombres los que han trabajado y siguen haciéndolo en estos ámbitos de la construcción. De hecho, en algún momento, Canela, la protagonista, admitirá que habría de perder muchos clientes a partir de su elección personal y de hacerla pública, mostrándose como lo que ella siente y piensa que es, una mujer. Le habría de llevar mucho tiempo y esfuerzo reinventarse y conseguir una reinserción laboral a través de una nueva clientela dentro de una sociedad patriarcal y transfóbica.

OBRA EN CONSTRUCCIÓN

La directora rosarina Cecilia Del Valle monta en paralelo dos líneas narrativas que en distintos momentos se encuentran y confluyen en una misma línea. Una de ellas, dada por la construcción o la refacción de una casa que Canela supervisa y lleva adelante con un equipo de trabajo, el tuneo de su camioneta Apache que necesita nuevo tapizado, entre otros arreglos, y la otra línea narrativa estará dada por la construcción de su propio cuerpo y mente, a través del tratamiento hormonal, la construcción de su propia imagen como mujer, y la terapia que lleva a cabo con una analista.

Si se pueden hacer cambios dentro de un espacio físico como en una casa, del mismo modo uno puede emprender la aventura de hacer del espacio físico del propio cuerpo un lugar habitable que se ajuste a nuestros deseos y a como siempre nos hemos percibido. Hacer su cuerpo habitable, en el sentido de sentirse feliz dentro de ese cuerpo, requerirá además de los tratamientos hormonales, y psicológicos, llegado el caso, de la cirugía. Y a partir de la posibilidad de una intervención quirúrgica de cambio de sexo, o no, se concentra el conflicto, no sólo con su entorno, sus hijos, sino y sobre todo consigo misma.

“No se nace mujer, se llega a serlo”. Con esta frase Simone de Beauvoir señala que el género es una construcción social que trasciende la cuestión biológica. En este punto Canela es la constructora de su propia imagen, la vemos mostrándole a una nueva amiga su DNI en el que figura su nuevo nombre, con su nueva identidad de género, entrando en una tienda a probarse ropa femenina, o el modo en el que se acicala con cosméticos o con peinados. Se convierte en toda una aventura acompañar a Canela durante el trayecto en su camioneta Chevrolet Apache color fuego gracias a la cámara casi imperceptible de la directora que fluye junto a la protagonista con en ese ir y venir de la casa al trabajo y viceversa, o cuando hace sus visitas a la clínica siempre estamos a su lado o a sus espaldas dejándonos guiar por el recorrido que nos propone, incluso dentro del claustro universitario. Durante una clase en la Universidad de Rosario Canela les dice a sus alumnos que según Wright los tres males del capitalismo son el interés, el alquiler, y la sustitución del esfuerzo, es decir, encargarle a otro lo que podríamos hacer nosotros. Quizás esto último se refiere al punto crucial por el que Canela no vería posible la concreción de una cirugía de cambio de género. Cuando Canela le cuenta a sus hijos sobre su proyecto, la cirugía, y de algún modo, les pide ayuda, para evitar recurrir así a un tercero, ya que necesitará contar con ellos para que la cuiden durante su convalecencia, no encontrará el apoyo esperado.

El encuentro, finalmente, con una ex pareja, de cuando Canela aún era Ayax, dejaría de serlo a los cuarenta años, le disparará emociones que ya creía olvidadas, y le hará preguntarse una y otra vez sobre su deseo de cambio de sexo, si es eso lo que ella realmente quiere, ya que todavía se siente atraída por la mujer. Su terapeuta le sugerirá que una cosa es el sexo, otra, el género, y una muy diferente el erotismo.

La verdad de la arquitectura orgánica está en el espacio interior, Canela le dice a sus alumnos, no en las paredes que lo encierran. Lo importante sería concretar un espacio arquitectónico teniendo en cuenta la razonabilidad de los proyectos…

Por Gabriela Mársico
@GabrielaMarsico

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