Crítica: Annabelle 2 (2017), de David F. Sandberg

Annabelle 2 (Estados Unidos – 2017)

Dirección: David F. Sandberg / Guión: Gary Dauberman/ Fotografía: Maxime Alexandre/ Música: Benjamin Wallfisch/ Edición: Michel Aller/ Intérpretes: Stephanie Sigman, Talitha Bateman, Lulu Wilson, Philippa Coulthard, Grace Fulton, Samara Lee, Tayler Buck, Anthony LaPaglia, Miranda Otto/ Duración: 109 minutos.

Funcionando como una precuela de Anabelle, la segunda entrega, aporta la reconstrucción de cómo fue el proceso que dio origen a la muñeca malvada del cine. De duración extensa y con un repertorio de lugares comunes propios del género, Annabelle 2 deja bastante que desear.

David Sandberg toma la posta y pone en escena la segunda parte de un filme que, en su momento, tuvo una pésima recepción de la crítica. Tal vez por cometer el mismo defecto que presenta Annabelle 2: una historia cliché y eternos planos descriptivos que concluyen con un golpe de efecto sonoro.

El filme narra el comienzo, la creación de la muñeca que aterroriza a más de uno. Con un perfil demoníaco, el juguete toma vida propia poseída por el mismísimo diablo quien se personifica de manera bastante similar a la fisonomía de Babbadook. Al parecer, las referencias son más que homenajes. Las representaciones de la entidad diabólica comparten no sólo un profundo color negro, sino la forma y textura de su cuerpo: largas extremidades rugosas que parecen poder abrazar la inmensidad y nacer de la nada misma.

Luego de la muerte de su pequeña hija la familia Mullins queda devastada, dejando a la madre confinada a su habitación y a un padre que, claramente, guarda un secreto. Pero tras doce largos años de silencio y aislamiento, los Mullins deciden acoger en su casa a un grupo de huérfanas en tránsito. Será este contingente de pequeñas inocentes la excusa perfecta para el desarrollo de una larga y tediosa puesta en escena de cómo “el mal” va cobrando protagonismo en sus almas, sobre todo en la de Janice, una bella niña coja por culpa de las secuelas de la polio.

Acompañadas por una monja de origen latinoamericano, las niñas pronto comienzan a vivenciar experiencias sobrenaturales. Pero lamentablemente, la acción tarda en aparecer y al momento de hacerlo le cuesta situarse dentro de la diégesis propuesta. Los efectos se agotan, y una vez hartos de la puertita que se abre sola, ya no queda más nada que esperar.

Annabelle 2, no aporta nada significativo a lo que fue su pobre primera parte. Sin embargo, repone elementos anteriores a la historia que se cuenta en la primera versión. Y ese conjunto de datos se agradece, porque es la construcción de este micro universo, un mundo intrigante que, por lo visto, aún ningún director logra explotar en su totalidad.

Por Paula Caffaro
@paula_caffaro

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